lunes, 16 de diciembre de 2013

NECESIDAD DE INDISPENSABILIDAD

Cierto día, una mujer me consultaba acerca de una dificultad que presentaba su hijo, lo cual representaba un conflicto para la familia. Su hijo tenía 30 años de edad; había empezado varias carreras universitarias, sin terminar ninguna; estaba sin trabajo (puesto que no buscaba); pasaba días completos en internet o jugando a la PlayStation y tampoco ayudaba en las obligaciones domésticas. La mujer estaba desesperada, no sabía qué hacer.


La descripción anterior es el típico caso de una madre que presenta: “necesidad de indispensabilidad”, comportamiento que se caracteriza como su nombre lo indica, por “buscar ser indispensable”, esta actitud quiere despertar: atención, aprobación y afecto; pero en realidad obtiene lo contrario. En este caso, el problema del hijo era la consecuencia de una distorsionada formación en su hogar; la madre ejecutaba de forma usual las actividades que correspondían a su hijo, incluso pensaba y hablaba por él; lo cual generó en el hijo, tal inseguridad, que terminó anulado como ser humano, convertido en un inútil.

“La necesidad de indispensabilidad” es un efecto inconsciente que se produce cuando una persona ostenta una profunda inseguridad personal y para compensarla asume el mencionado comportamiento, junto con el ingrediente del perfeccionismo; de esta manera, justifica su conducta con el lema: “nadie hace las cosas como Yo”, en dicha frase encuentra un argumento para continuar haciéndolo. Aunque en ocasiones el lema es verdad; la realidad es que es la forma de tapar su inseguridad.

Dicho comportamiento se puede no sólo evidenciar en madres, sino en padres y en otro tipo de personas. En el ámbito laboral, por ejemplo, lo observamos en aquel tipo de jefe que únicamente le convence su trabajo, es exigente y crítico. Son personas que nos podemos encontrar en cualquier terreno de nuestra vida y la mejor forma de contrarrestar los efectos de su actitud, es impedirle que sobrepase nuestros límites personales, o quizás seamos nosotros los que estemos invadiendo los espacios del otro, en cuya situación necesitaremos estar conscientes de lo enunciado en el presente artículo.



viernes, 22 de noviembre de 2013

¿ACEPTAR SIGNIFICA RESIGNARSE?

Esta es una pregunta que muchas personas se hacen cuando leen o escuchan la palabra “aceptación”, la cual es una de las principales virtudes que necesitamos cultivar, para conseguir crecer o mejorar en algún aspecto interior o personal de nuestra vida. Es común que cuando la escuchemos, inmediatamente la asociemos con resignación. Por esto; quiero profundizar un poco sobre las diferencias que existen entre los dos términos, veamos: primero, necesitamos saber que aunque su significado es similar; desde el punto de vista del crecimiento personal, son bien distintas. “La resignación” encarna abandonar la lucha, bajar los brazos y la cabeza; declinando así, cualquier posibilidad de cambio, se trata de conformarse con una vicisitud, situación o condición. Mientras que la aceptación equivale a un proceso que consiste en: identificar, luego reconocer, después  cuestionar y por último, cambiar (en el supuesto de que el asunto esté en nuestras manos). Esto último lo denominamos “aceptación activa”; que quiere decir que con todo el amor y sin reproche, procedemos a sanar con el hecho y a reparar, sí hemos ocasionado daño a terceros.


Para explicar la aceptación, veamos el proceso en el caso de una persona que presenta alguna adicción. Dicho individuo para empezar a solucionar su dificultad, necesita admitir que el hecho compulsivo ha tomado el control de su vida (por lo general exhiben una actitud de negación) y que ostentan una enfermedad psíquica; esto es lo que significa identificar. Cuando logra lo anterior, está preparada para el siguiente paso, el reconocimiento, lo cual consiste en adquirir una actitud de interiorizar, es decir que además de admitir, requiere sentir la realidad y las consecuencias físicas y emocionales de aquello, en su vida. El siguiente paso se trata de sopesar mediante el cuestionamiento, si es posible que la persona pueda cambiar esta situación. Para nuestro caso, la respuesta dependerá del grado de adicción, sí es alta, demandará ayuda profesional y sí es baja, es posible que el individuo pueda superarla y cambiar sin ayuda; esto es lo que llamamos “aceptación activa”.


Ahora, cuando la solución no se encuentra en nuestras manos, entonces aquí retomaremos lo que significa “resignación” o también “aceptación pasiva”. Por ejemplo en sucesos como el clima, las catástrofes naturales, los conflictos armados (por lo general fuera de nuestro alcance), la maldad de otros y las acciones, palabras y pensamientos de los demás; necesitamos adquirir una actitud de amor, respeto, compasión y quietud.


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miércoles, 30 de octubre de 2013

LA ADICCIÓN AL CAOS (PARTE II)


Otra muestra de adictos al caos, son los individuos que encuentran en la enfermedad, los pensamientos trágicos o la fantasía una situación para vivir excitados. Son personas que pueden presentar incluso todas estas conductas juntas, algunos llegan a extremos como accidentarse con constancia, inventar historias sobre los demás, incluso ser un sufridor gratuito, es decir aquellas personas que cargan con los problemas de los demás como si fueran propios, cuando no tienen uno; esto último se parece a una historia que contaban los abuelos sobre que: en sus tiempos contrataban a mujeres para que fueran a llorar un muerto que no conocían, esto era asociado como una muestra de un buen entierro. Esto es una muestra del premio que la sociedad daba y continúa dando al sufrimiento, creando actitudes de victimismo en ciertas personas. Existe una película que es la que me ha inspirado para escribir este artículo, en la que se muestra un comportamiento típico de este tipo de personas, la cual se titula “Al límite de la verdad”.

La adicción al caos es una deformación conductual que conduce por lo general a la desgracia. Para superarla es necesario que la persona la reconozca y la enfrente, en primera medida bastará con que ordene su vida, es tan simple como que en el baño no puede haber una cama, ni en la cocina el sanitario, es sentido común, por ejemplo para aquellos que le faltan horas del día, necesitan llevar y cumplir una agenda, son seres que cuando empieza el día no saben qué hacer; para los que se endeudan, pues organizar la economía, haciendo las cuentas con lápiz y papel, para los demás en casos extremos seguramente se requerirá de ayuda profesional.





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lunes, 28 de octubre de 2013

LA ADICCIÓN AL CAOS (PARTE I)


La adicción al caos es una compulsión que se caracteriza como cualquier otra por sentir la imperiosa necesidad de estar con el fenómeno adictivo, es decir en este caso de vivir en el caos. El caos se define en el diccionario como desorden y confusión, si lo aplicamos a la vida, se trata entonces de personas que necesitan vivir en el conflicto, apuro, desgracia, contradicción y/o angustia, lo cual hace que el cerebro reciba estas situaciones como amenazas y segregue una sustancia como la adrenalina[1], cuyo efecto actúa como un estimulante para el individuo, no obstante cuando pasan los efectos, la persona cae en depresión; generando de este modo la necesidad de volver a sentirse estimulado, justo esto es lo que provoca la dependencia. Lo anterior lleva a una persona a atraer o buscar dificultades y en situaciones de máxima adicción, a crear y fantasear con ellas, por supuesto todo esto se produce de forma inconsciente.

Una persona adicta al caos puede ser aquella que siempre va apurada, llega tarde a todas partes, queda mal con sus compromisos, por lo general le faltan horas del día, asimismo la persona que continuamente está endeudada: con el banco, los amigos, la tarjeta de crédito, etc., a éste individuo  le sobran días para llegar a fin de mes, es el prototipo de alguien que es incapaz de decir “No”, cuando le ofrecen algo. También aquí encontramos a individuos que viven buscando disputa y discusión con los demás, están en constante actitud de defensa y en activa posición de ataque, pudiendo pasar de la agresión verbal a la física. (Continua en el próximo artículo)


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[1] Articulo sobre los adictos a la adrenalina, http://www.bellomagazine.com/actualidad/adiccion-adrenalina

jueves, 17 de octubre de 2013

EL MÚSCULO EMOCIONAL


Cuando deseamos tonificar nuestro cuerpo, sabemos que requerimos emprender una serie de acciones que nos conduzcan a tal objetivo.  Entre estas, necesitamos en primera medida empezar a acudir regularmente al gimnasio y luego, cambiar hábitos alimenticios, leer información sobre el tema y contagiarnos de aquellas personas que hayan conseguido los resultados, posiblemente terminemos rodeados de amigos que se identifiquen con el mismo objetivo. Algunos consiguen el entusiasmo para darse a dicha tarea, al verse en el espejo o en el momento de iniciar una nueva relación o simplemente querer verse diferente y sin duda una buena época para hacerse metas es el comienzo del año, todos estos son unos buenos propulsores para motivarse para conseguir este objetivo. No obstante algunos abandonan cuando aparece el dolor muscular, la pereza o el menor obstáculo.

 Esta es una analogía que nos permite identificar lo que sucede a algunas personas cuando quieren cambiar algún aspecto emocional que les esta generando conflicto en su vida; ellos obtienen su motivación cuando observan el sufrimiento o se cansan de los resultados que tienen (el espejo), o  al ver que aquello les impide conseguir sus metas y sueños, pero al igual que sucede cuando se quiere aumentar los músculos, también se produce dolor al profundizar en la información que hasta el momento ha permanecido escondida por múltiples circunstancias personales. Igualmente en ambos procesos se requiere de constancia, disciplina para cambiar los hábitos y rodearse de un ambiente diferente, empero tanto porque se busque tonificar el cuerpo, como sanar emocionalmente, sí se continúa rodeado de las mismas personas, las mismas situaciones y la misma comodidad, esto ocasionará el retorno a lo conocido y la desmotivación, por consiguiente el individuo posiblemente termine desistiendo de su propósito, muchas veces sin empezar.

Aquellos que con templanza logran cambiar los hábitos son los que consiguen los resultados. Si continuamos haciendo lo que estamos haciendo, los resultados serán los que estamos obteniendo, pero si queremos cambiar los resultados, entonces necesitamos modificar las acciones y pensamientos que generan los mismos. Las anteriores son expresiones conocidas y ampliamente comprobadas, sin embargo es frecuente observar que un considerable número de personas presentan este tipo de actitud; querer los resultados sin pasar por el debido proceso.  Es sencillo para el colectivo en general, entender que sí desean tonificar su cuerpo, necesitan emprender acciones como las que hemos mencionado, no obstante aún es difícil entender que cuando se anhela cambiar algún conflicto personal, entonces se requiere emprender un conjunto de hechos que permitan modificar ciertos hábitos y adquirir determinadas habilidades para conseguir su objetivo, de ahí que tomemos este ejemplo para explicar esta consideración sobre lo que significa conseguir “MUSCULO EMOCIONAL”.

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sábado, 5 de octubre de 2013

“POR ALGO SERÁ”

Esta es una frase que hemos escuchado o pronunciado en muchas oportunidades cuando sucede algo que al parecer no nos agrada, pero tratamos de aceptarlo. La expresión puede esconder en realidad una forma de evasión o de resignación o simplemente ser lo que dice. Entonces aquí entramos un poco en el destino, el cual significa que existen situaciones que quiérase o no, tenemos que vivir para aprender. Sin embargo sí nos amparamos en esta frase, conformándonos con el destino, sin evaluar y revisar nuestra implicación, es posible que la situación se complique y estemos dejando pasar una oportunidad de aprender y evolucionar.

El destino puede traer situaciones positivas o negativas para la vida de cada ser humano, en nuestro caso, estamos refiriéndonos a aquellas que son adversas. En estas circunstancias, la cantidad de tiempo y el sufrimiento dependerán exclusivamente de nosotros, somos los hacedores del cronograma, la cuarta coordenada (tiempo) depende exclusivamente de la actitud personal frente a la situación.  El tiempo que demore en pasar la situación y por supuesto el sufrimiento, obedecerá a, si decidimos hacernos responsables de la misma, la miramos cara a cara y somos capaces de aprender de ella, pero si por el contrario asumimos la actitud de voltear la cara o de resignarnos, entonces es posible que la circunstancia nos atrape y nos acostumbremos a vivir en dicho estado, también que se alargue y pasemos al victimismo.

Para sintetizar, es importante que consideremos que el libre albedrio existe, así como el destino y si por alguna circunstancia de la vida, nos corresponde vivir una situación difícil que el destino nos depara, entonces somos los únicos capaces de determinar la cantidad de tiempo y sufrimiento, todo dependerá de la actitud con que asumamos el hecho.

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miércoles, 4 de septiembre de 2013

SÍ ME SIENTO OFENDIDO, OTROS SE PUEDEN SENTIR IGUAL

¿Cuántas veces nos hemos sentido lastimados y heridos en lo más profundo de nuestro ser? ¿Cuántas veces hemos llorado de dolor? ¿Cuántas veces hemos sentido rabia porque alguien ha dicho o hecho algo que nos ha causado un inmenso dolor y sufrimiento? Tenemos bien presentes estas palabras, estos acontecimientos. Nuestra mente y corazón recuerdan con constancia lo sufrido, no importa si han transcurrido decenas de años “es como si hubiese sido ayer”.  No obstante es posible que en ningún momento nos hayamos detenido a pensar: “si yo me siento ofendido, otros también se pueden sentir igual que yo”. Lo cual significa, que a lo mejor nosotros de igual forma, seamos los causantes del sufrimiento de otros y posiblemente de ofensas similares, a aquellas de las que nos lamentamos. 


Estamos a veces tan ocupados con los agravios que nos han profesado los demás, que olvidamos que nosotros hemos golpeado posiblemente con los mismos látigos a los otros. Hace unos pocos días escuche a una mujer decir que estaba lastimada con un desprecio que un familiar le causó hace unos 25 años, no obstante mientras ella hablaba, vino a mi memoria un suceso que presencié tiempo atrás, donde esta mujer le hacía un desprecio a la hija de la misma persona con la cual estaba ofendida, hasta el punto de que esta hija lloró. Todo esto sucedió sin que la causante ofreciera las deseadas disculpas, aquellas mismas que ella esperaba desde hace 25 años (la victima paso a intimidadora, sin ser consciente de ello). Precisamente esta escena vivida es la que me ha llevado a compartir esta reflexión.


En ningún momento estamos disculpando actuaciones crueles y monstruosas, pues no vamos a negar una realidad, como que algunos seres humanos han venido a este mundo a causar mal al prójimo. No, estamos hablando de personas comunes, seres que estamos buscando sobrevivir, aprender y evolucionar. Tampoco se trata de olvidar que nos han causado daño ya que entonces nos podríamos convertir en una presa fácil para muchos felinos emocionales; por consiguiente estamos hablando es de perdonar y aprender a tener compasión por las personas que nos lastiman. Lo cual no significa que les permitamos de nuevo lastimarnos (de ahí que es conveniente recordar). Y en el caso de que seamos nosotros los felinos, es necesario que recapacitemos y reparemos el daño causado (ponernos en los zapatos del otro). Si estamos en consciencia y podemos llegar a sentir compasión por los demás, esto representará que también la sentiremos para con nosotros y así podremos disolver las culpas, que solo nos llevan al victimismo y al resentimiento. 


Mientras habitemos este mundo estamos expuestos a este tipo de situaciones, luego recordemos que somos almas en aprendizaje, claro está que algunos han aprendido a causar más ofensa y agravio que desagravio. De todas formas la reflexión busca que podamos virar hacia nosotros mismos y hacernos responsables de nuestras emociones, sentimientos, pensamientos, palabras y acciones.

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martes, 6 de agosto de 2013

¿ES LA LIBERACIÓN FEMENINA, FACTOR DE ESCLAVITUD Y SOMETIMIENTO?

En cierta ocasión durante una conversación que sostuve con una mujer que se encontraba bastante preocupada por el comportamiento agresivo e irrespetuoso de su hijo hacia ella, le escuché una frase que me ha motivado a escribir el presente artículo, ella dijo lo siguiente: “he pasado de estar sometida por mis padres a seguir sometida por mis hijos”. Esta frase caló en mí, seguramente debido a esa inquietud permanente que me motiva para aprender y promover la identidad femenina, la cual me ha conducido a sentir, observar y buscar información acerca de las posibles causas que han originado esta dificultad, que no solo atraviesa mi interlocutora, sino un grupo considerable de mujeres en la actualidad y anotarlos en este escrito.

En este momento es común encontrar que las madres trabajen fuera de casa, diferente a la época de nuestras abuelas; en su tiempo, gran parte de ellas eran amas de casa a tiempo completo, mientras que ahora, las féminas desempeñan una vida laboral y otra como ama de casa, esta dualidad ha generado gran carga para cantidades de mujeres, puesto que las actividades propias del hogar ella todavía continua realizándolas en su totalidad ya que es difícil que su esposo o compañero comparta estas labores, –esto es posible constatarlo sobre los estudios elaborados en algunos países desarrollados- son en realidad muy pocos los hombres que colaboran o asumen compartir las tareas domésticas. La mujer de igual forma debe cumplir con su compromiso materno, lo cual es una función exclusiva de la mujer y nadie más la puede realizar como ella. Por tanto las madres actuales requieren desempeñar una doble función, ambas de manera eficiente y eficaz, pues lo contrario le acarreará grandes conflictos.

Cumplir con su función materna es bastante difícil en especial para las mujeres que laboran a tiempo completo ya que los compromisos de madre requieren paciencia, dedicación, afecto y tiempo, entre otras más y es sin duda esto último, el tiempo, de lo ellas carecen; lo cual les dificulta aportar completamente sus virtudes maternas a sus hijos. Y por más que se quiera demostrar por parte de cierto grupo de psicólogos que “la calidad es más importante que la cantidad”, en cuanto a las horas que se comparte con los hijos, la realidad demuestra que la cantidad es indispensable. Observamos en la actualidad fenómenos como “los niños-llavero”, son los hijos de estas mujeres que a edades muy tempranas les cuelgan en el cuello las llaves de la casa para que entren al hogar después de finalizar la escuela, los niños deben comer y hacer los deberes, solos. Gran parte de ellos cuando alcanzan edades juveniles buscan compañía, afecto y un modelo a seguir en los parques y en las calles, por lo general encuentran malas compañías y suelen refugiarse en los vicios y la maldad. Hoy también se conocen otras consecuencias ligadas a esta situación como las adicciones al internet, las redes sociales, el móvil, la PSP, el sobrepeso, etc.

Cuando dichas madres llegan a su casa, encuentran un sin número de labores y al finalizarlas –si es que lo consigue- están muy cansadas para atender a sus hijos, ellas llevan encima el cúmulo del trabajo tanto laboral como doméstico, por tanto es casi imposible que cumplan con sus compromisos maternos de forma eficiente y eficaz. Como consecuencia los hijos van acumulando resentimiento y van perdiendo el respeto por su madre, máxime si ella por sentimientos de culpa, termina consintiéndole todos los caprichos. Lo anterior puede conducir a que los hijos se conviertan en unos dictadores, llenos de agresividad e intolerancia, algunos llegan al extremo de maltratar no solo física sino emocionalmente a sus padres, también a sus profesores y por lo general entran en disputa con la autoridad, llevándolos posiblemente a comportarse como desadaptados sociales.

Estamos hablando de una madre que pierde el control sobre el hijo ya que este aprende a manipularla con sus errores, la intimidan en especial cuando no existe implicación del padre. Y aunque los hijos dictadores son un contexto que tiene su origen en otros conflictos, sí que se puede tratar como uno de los efectos más considerables de la situación que estamos exponiendo.

No obstante todo lo expuesto son producto del verdadero origen de esta situación, el cual se encuentra en la parte intrínseca de esta mujer, en su inconsciente. Ella desprende un hedor a servidumbre y sumisión que atrae a cuanto felino emocional se encuentre e inconscientemente los hijos se convierten en esas fieras para poder manipularla y vengarse del abandono que tanto dolor les ha causado. Son mujeres donde aún habita aquella abuela o madre sometida a la voluntad de sus padres y luego de su marido, ella arrastra consigo el lastre del sacrificio y en su sangre todavía se  expende la esclavitud. Dicha información la lleva a comportarse como la típica madre que hace todo a sus hijos, incapaz para ponerles límites. Trabaja de sol a sol sin descanso, permite que su esposo se comporte de forma irresponsable e irrespetuosa y además se sacrifica para suplir sus faltas. Muchas  terminan esclavizadas en sus trabajos por un jefe y dentro de su hogar de su marido e hijos –estos en los últimos tiempos-. En realidad es un hábito emocional que ha aprendido de sus antepasadas y ejecuta absorta en sus inseguridades. Por lo menos la mujer que es ama de casa a tiempo completo y que cumple con sus responsabilidades, además de proporcionar afecto a sus hijos, logra el respeto de los mismos.

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jueves, 20 de junio de 2013

EL BOTÓN "ON" EN LA SEXUALIDAD FEMENINA

Existen algunos hombres que, ignorantes por completo sobre la sexualidad femenina (tal y como lo hablamos en el anterior artículo) creen que la mujer presenta un “botón ON” para despertar el interés sexual. En este grupo encontramos unos prototipos que las mujeres conocemos muy bien como aquellos catalogados como “pulpos” por su movimiento aleatorio y veloz con las manos y dedos; también encontramos a los “chimpancé” por la rapidez para realizar el coito (<5 segundos)  y muchos otros no tan rápidos pero poco creativos y perezosos como “los sosos”.  Son hombres que cuando acceden a una mujer llevan el cartel puesto de “solo quiero sexo”, son acosadores y poco pacientes. En los encuentros sexuales -por lo general- están buscando el botón “ON” de forma tan acusada que generan el efecto contrario, o sea el rechazo y la disminución de la libido femenina. Lastimosamente son hombres que no se han preocupado en lo más mínimo de informarse sobre lo que significa ser un buen amante para una mujer. 

Y aunque el estado erótico de la mujer depende de la fase en la que se encuentre (ver artículo sobre la ignorancia de la sexualidad femenina), queda claro que el botón “ON” no existe como tal, sino que más bien está presente en diversas zonas de su cuerpo y en otras de su mente que encienden su apetencia sexual, lo cual varía según el amante y el momento que vive. Además, en el propio acto sexual la curva de la libido es como el Himalaya, discurre entre picos altos y bajos. Una fémina puede bajarse de un punto alto hasta el pedestal en tan solo un instante: Un hombre demasiado brusco o apresurado o soso puede provocar este descenso de forma inmediata, lo cual es incomprensible para el hombre ya que este, una vez encumbrado, va hasta la cima de manera imparable. Para la mujer -y en el caso concreto de relaciones estables- el erotismo empieza desde el comienzo de su día, aunque muchas veces ella misma lo desconoce. Las actitudes masculinas son un estimulador o inhibidor para despertar el interés sexual de ella puesto que los detalles (no necesariamente son físicos) suelen despertar el ánimo erótico de las féminas en especial en su fase de inapetencia. 

Las diferenc
ias sexuales entre el hombre y la mujer las describe muy bien John Gray , cuando dice que "En el dormitorio el hombre es como sol y la mujer como la luna". El sol se mantiene ardiente, en cambio, la luna tiene diferentes ciclos y por tanto diversas formas de comportamiento en la cama. En la etapa de preludio amoroso, un hombre tiende a incentivarse a través de los ojos - es más visual- mientras que la mujer lo hace a través de sus oídos, es más auditiva.  Lo cual no significa que el hombre necesite cantar, ¡por supuesto que no! pero se trata de manifestarle los sentimientos hacia ella, con palabras que le suenen agradables. También a las féminas les estimulan los detalles cuando les reflejan efectos y deseos, pero cuidado porque ellas diferencian muy bien lo romántico de lo sexual y en esto se suele equivocar también el hombre, pues si ella desea cercanía romántica y la respuesta que recibe es sexual ( o viceversa), la indispondrá para cualquiera de los dos aspectos. Los detalles actúan como un estimulante cuando la sorprenden y son creativos; luego no hay nada que desestimule más a una mujer que la monotonía, el ejemplo lo encontramos en aquel hombre que siempre regala rosas rojas a su mujer en las fechas especiales:  sí el detalle es repetitivo, generará el efecto contrario.

Otro gran estímulo sexual para una mujer se encuentra en los gestos y por ello me refiero a aquellos como decirle: “siéntate que yo hoy hago la cena” o también: “quédate en la cama que yo atiendo al bebé” o por ejemplo: “déjame que yo lavo los platos”. Son gestos donde el hombre se muestra agradecido y considerado; pero cuidado, no debe actuar como su esclavo, porque ella necesita un hombre, ni tampoco como su verdugo, porque repito, ella necesita a un hombre.

Todo lo anterior resulta un poco complicado de comprender para algunos hombres, sin embargo, es más simple de lo que parece: Primero, aprender a identificar la etapa de la mujer. Segundo, desarrollar los gestos de creatividad y consideración y por último, durante el acto sexual, no buscar  el botón “ON” de forma ansiosa y dejar las prisas. Cuando un hombre conoce la sexualidad femenina se adentra en mundos no solo de placer sino a la belleza del amor a donde ella lo puede llevar…

domingo, 9 de junio de 2013

LA IGNORANCIA DE LA SEXUALIDAD FEMENINA


Hace pocos días leí en un artículo, que entre el 50% y 60% de las mujeres fingen en la cama[1] y aunque ya era un comentario generalizado no deja de ser un resultado sorprendente. Según el estudio, se dice que la principal razón expuesta por estas mujeres -procedentes de relaciones estables, con duración superior a 36 meses- es el miedo al abandono y a la infidelidad de sus compañeros, ellas mienten para elevar el ego y la satisfacción masculina. Lo anterior me permite plantear una hipótesis, “las mujeres que disfrutan sus encuentros sexuales no necesitan fingir”; luego estarían tan embebidas en la miel de sus colores y la diversidad de sus formas que florecerían como un rosal en primavera para consentir que el falo tome su miel y sacie sus necesidades féminas más escondidas y de este modo olvidaría sus miedos insensatos y su actitud de control.


La ignorancia del erotismo femenino contribuye a que ciertas mujeres presenten inapetencia sexual y decimos “contribuye” ya que existen otros factores particulares como los fisiológicos y psíquicos que causan este fenómeno, los cuales son temas propios de cada área profesional y que dejaremos en manos de los mismos. En todo caso la falta de conocimiento sobre la sexualidad femenina tanto por parte de los hombres como de las mismas mujeres, son un ingrediente importante a la hora de encontrar el bienestar sexual no solo de la mujer sino el de su pareja. Y aunque el tema lo estamos tratando de forma soslayada, lo que pretendemos es dejar abierta la inquietud y la reflexión sobre el tema.


La sexualidad femenina continúa siendo un misterio, muestra de ello lo observamos en el hecho de que un número considerable de mujeres necesitan fingir (entre el 50% y 60%) y posiblemente otro tanto de hombres (sus parejas) desconocen los signos del placer femenino y el cómo satisfacerla. Aunque esto puede tener diversas lecturas, considero que unos mínimos conocimientos de la libido femenina podrían cambiar esta realidad. Dicha ignorancia presumiblemente originado en la herencia machista que arrastramos; por un lado a la mujer se le formaba para inhibir sus deseos y complacer únicamente a su esposo sin pensar en ella y por el otro al hombre se le consentía y motivaba para dar rienda suelta a su ímpetu sexual, razón por la cual todavía cierto grupo de mujeres y de igual forma sus compañeros sexuales, novios u esposos, desconocen lo que es un orgasmo femenino.


La mujer tiene su propia identidad sexual, es diferente al hombre, tanto en este aspecto como en los demás (asunto tratado en anteriores artículos). Las féminas son cíclicas y de diversos matices asociadas al periodo en el que se encuentren, sus fases sexuales son similares a la luna y por tanto su sensibilidad se despierta según las mismas, su sentido auditivo es un incentivo erótico y los gestos compasivos un aditivo afrodisíaco en especial al encontrarse en los ciclos de inapetencia, puesto que en las fases de celo solo requiere una mirada cómplice de su compañero para despojarse de su cordura y dejarse llevar por el color fogoso de su pasión. La sexualidad femenina es un tema complicado para aquel que lo ignora, sin embargo una aventura apasionante,  lleno de nuevos y misteriosos caminos que pueden conducir a la cumbres más altas del éxtasis para aquellos que se lanzan a descubrir los parajes eróticos de la feminidad.




[1] Diario el mundo. Artículo “Las mujeres fingen en la cama para 'retener' a sus parejas”. Patricia Matey/Madrid. Actualizado domingo 08/01/2012

domingo, 19 de mayo de 2013

COMO CONSTRUIR UNA VIDA SOLITARIA

La soledad es uno de los padecimientos del siglo 21, en la actualidad existen más de 150 millones de personas, denominadas como “singles” únicamente en territorio europeo, de las cuales entre el 30% y el 40% viven en hogares de un solo componente, casi la mitad de ellas son mayores de 65 años, según la interpretación hecha sobre los datos de la Eurostat. Razón que pone en evidencia una cruda realidad: cantidades de ancianos fallecen de forma inadvertida, hasta que algún vecino, delata su estado, advertido por el llamado del olor. Esta situación tiende a incrementarse, no únicamente en Europa, sino también en Estados Unidos y algunos países asiáticos, lugares en donde el porcentaje de personas solas llega a cifras entre el 20% y el 40% de la población. Dentro del grupo de singles se encuentran las personas solteras, divorciadas, separadas y viudas, unas comparten el hogar con familiares o amigos y los otros viven en hogares unipersonales, siendo estos últimos el tema de este escrito, concretamente refiriéndonos a aquellos que desean cambiar su estado y quieren llegar a ancianos acompañados por seres queridos.
Una vida solitaria involuntaria trae consigo muchas consecuencias, dentro de las cuales  encontramos la manifestación de algunas enfermedades psíquicas como la depresión y la ansiedad, las que derivan en somatización, generando diversos males físicos y en ocasiones induciendo al suicidio. El mejor tratamiento para salir de este estado, suele ser el amor y la compañía. Según algunos estudios realizados, el 70% de singles creen que su felicidad radica en encontrar una pareja, aunque algunos se conformarían únicamente con una compañía. Sin embargo encontrar esta medicación llega a ser una verdadera odisea para muchos singles. Luego, cuando dicho estado perdura por mucho tiempo, la persona va perdiendo motivación para la conquista, aumenta su inseguridad y disminuye el auto estima, lo cual menoscaba su aptitud para atraer, la habilidad para compartir y convivir con otras persona.

Pueden ser muchas las explicaciones para que esta realidad se presente pues si nos remitimos a épocas anteriores, este no era un fenómeno acusado debido a que la gente admitía - en especial la mujer- que su destino pasaba por casarse y tener hijos. Yendo un poco más atrás en la historia, vemos que el amor no se consideraba un ingrediente indispensable para desarrollarse maritalmente y de ahí que se realizaran los matrimonios pactados (todavía existen en algunas culturas). También se solía “sociabilizar cara a cara -era la única forma de hacerlo- facilitando la elección de las posible parejas.

Empero, actualmente vivimos una vida muy agitada, en la cual el mercado laboral abarca la mayor parte del tiempo de las personas, presumiblemente ocasionada por la gran ambición de unos, por la necesidad creada de consumir de los otros y la obligación de sobrevivir de los restantes; esto genera poco tiempo para sociabilizar y construir relaciones. Sumado a todo esto está la llegada y evolución de la tecnología, la cual ha desplazado a gran cantidad de trabajadores; por un lado surge la producción automatizada que economiza mano de obra y por el otro la sistematización que permite a las personas trabajar virtualmente –no tienen que permanecer físicamente dentro de las instalaciones de la empresa- de esta forma se disminuye “la muestra” para encontrar una posible pareja, directa o indirectamente en el campo laboral. Pues habida cuenta de la gran cantidad de tiempo que se pasaba laborando en comparación con el poco tiempo disponible para hacer vida social, el área de trabajo representaba una oportunidad grande para elegir potenciales relaciones sentimentales.

Otra posible explicación la encontramos como consecuencia del surgimiento del internet que ha dado origen al estallido de las redes sociales, propiciando las relaciones “virtuales” con las cuales la mayoría de personas de mediana edad y mayores no están familiarizados ya que son personas que nacieron y aprendieron a sociabilizar mediante el contacto personal.

En conclusión, la vida actual ha cambiado la forma de interactuar de unos con otros y por supuesto la manera de conquistar y atraer potenciales parejas, amigos e incluso el mantenimiento de las relaciones familiares. Estas circunstancias afectan con mayor intensidad a aquellos que aprendieron a relacionarse mediante el contacto cara a cara.

A pesar de todo lo anterior, el verdadero obstáculo que ostentan estos singles se encuentra en su  mundo inconsciente y la manifestación exterior del mismo frente a la relación con los demás. Recordemos que la naturaleza nos dota por lo general de todas las facultades necesarias para vivir y según este orden natural, la edad propensa para emanciparnos se estima entre los 17 y los 23 años (teoría que se promueve en los países anglosajones), esta es la edad de salir, conocer y desarrollar los talentos para atraer posibles parejas. Posteriormente viene la etapa para formar una familia entre los 23 y los 30 años, etapa en la que la naturaleza nos otorga la valentía, la madurez, la autonomía y la sabiduría para elegir pareja y construir nuestra propia familia. Pese a esto, dichos singles desobedecen la naturaleza por diversos conflictos y vicisitudes, marginándose de realizase sentimentalmente en el momento oportuno.

Dicha desobediencia inconsciente genera un depósito de dificultades debido a que, por un lado al dejar pasar dicha etapa, se endurecen las ataduras, los miedos y resentimientos que le han impedido dar el salto a la independencia y por el otro, se adicionan inconvenientes como los que hemos expuesto en el apartado anterior, puesto que con el paso del tiempo se adquieren más responsabilidades laborales y se dispone de menos tiempo para relacionarse.

Existen personas que permanecen durante mucho tiempo como “singles” después de un divorcio de enviudar, y esto se debe, por lo general, a que se auto-consumen en la condena de la segregación ya sea por la desgracia vivida o por apegos a su anterior relación o por ser ajenos a conectar consigo mismos, lo cual los induce a evadir aprender de los errores y por consiguiente se abstienen de generar nuevas oportunidades en su vida. Cuando estas personas logran peregrinar en su interior adquieren un estado de mayor consciencia y consiguen reestablecer su vida marital. Por el contrario, cuando dejan pasar las oportunidades de reconstruir una vida en pareja –ya sea enmascarados en el victimismo o en la rabia con dios, con la vida o con los demás- terminan, por lo general, de forma “impar” y sola, incluso lejos de los amigos y seres queridos.

No obstante ante la incapacidad de encontrar pareja, es posible estar rodeado de seres queridos y ostentar una vida malograda sentimentalmente pero compensada por los afectos de su entorno, adquiriendo la “compañía” que demandan muchos de ellos cuando son mayores. Sin embargo existen aquellos que además de incapacitarse para una vida sentimental también se encargan de alejar a las personas cercanas hasta quedarse completamente solos y desamparados en la etapa longeva. Dentro de las actitudes que generan la mencionada situación hemos encontrado algunas que pueden servir para que reflexionemos, veamos:

 1. Evitar hacerse responsable de todo lo que le sucede, descargando en los demás sus errores y cualquier situación incómoda, difícil, dolorosa o trágica. Apartado de evaluar su grado de participación dentro de ella. Asumiendo la actitud de queja constante, sea, de la situación económica, el estado o la sociedad, también de su ámbito más íntimo como sus hijos, su conyugue, su familia. Siendo esta actitud una de las formas de exculpar sus faltas y grado de participación en ellas, especialmente cuando se fracasa.

2. Negarse a vivir, encerrándose en sus miedos e inseguridades. Manteniendo pensamientos de poco valor por sí misma, creyendo que nada le sale bien y fracasando primero en su mente, antes de emprender cualquier acción.

 3. Transmitir la idea de perfección, mediante la ridiculización, la crítica y la condena con persistencia, de las acciones de los otros y hablando de sí mismo constantemente, sin modestia, auto-alabando sus acciones, pensamientos y palabras. Incapaz de reconocer los valores, las acciones y las palabras de los otros.

 4. Denotar una gran dificultad para ponerse en los zapatos del otro, ajenos a los sentimientos y necesidades de los demás, concentrados únicamente en las propias.

 5. Mantener una actitud negativa, pensando siempre en la catástrofe, la muerte y el conflicto, atrayendo las desgracias, el caos o la enfermedad, a su vida.

 6. Adquirir comportamientos agresivos con el entorno, denotando conductas poco sociables e irrespetuosas con los demás y la naturaleza, tales como, conducir como sí los demás fueran enemigos de guerra, devaluar los sentimientos de los otros, estar siempre a la defensiva, tirar la basura en cualquier lugar, fumar frente a los demás, desperdiciar el agua, la energía, el gas sin ninguna consideración social y ambiental.

 7. Disfrutar de temas donde se averigua la vida íntima de los demás, tanto en los medios de comunicación como en su ámbito social, creando la intriga y regodeándose con la creación del  conflicto entre la gente e incluso en ella misma.

 8. Utilizar a la gente, abordándoles cuando se le presenta alguna dificultad para que le solucionen sus problemas o para satisfacer algún capricho. Manipulando con la lastima, la aparente cordialidad o la intimidación. O lo contrario, no contar jamás con los demás, pues cree ser perfecto y todo poderoso.

 9. Disfrutar de las conversaciones trágicas que traen sufrimiento para sí misma o los demás por ejemplo, regodeándose hablando de tragedias naturales, enfermedad, muerte, etc.

 10. Controlar a  la  familia o seres queridos (conyugue, hijos, padres, hermanos, amigos)  manipulándolos  con violencia, victimismo o indiferencia.  Apuntando a la violencia psíquica y física cuando no le permiten hacer su voluntad, en el caso de manipular con la intimidación. Si se hace la víctima, lo hará con el llanto, la enfermedad y generando lástima y si manipula con indiferencia lo hará ocupándose al máximo o ausentándose con frecuencia del hogar.

 11. Plantear conflictos constantes con los demás por tener la razón, en las conversaciones tratando de imponer su punto de vista y llevando las discusiones hasta terminar con la misma. Enfadándose cuando no la tiene, llegando al insulto y/o agresión.

 12. Vivir en función de los demás, siempre sacrificado por sus padres, hijos, conyugue o hermanos. Reaccionando tarde, cuando ha perdido la oportunidad de vivir su propia vida.

 13. Creer saberlo todo y corregir constantemente a tus familiares y amigos lo que hacen, dicen o piensan. Sus conversaciones rozan en el absolutismo, sin aceptar que se equivoca y evitando disculparse o corregir sus conceptos.

En estas actitudes se concentran algunos de los errores que nos pueden llevar a construir una vida solitaria, sin pareja, sin familia, sin amigos, embebidos en la amargura; situación real a la que llega un gran porcentaje de personas como lo mencionamos en el comienzo de este artículo.




jueves, 9 de mayo de 2013

EL FENÓMENO DEL “NIÑO-ADULTO”

El primogénito ha sido y continua siendo motivo de orgullo para cantidades de padres, este hijo representa el comienzo tanto de una nueva etapa en la vida de la pareja como de una familia.  En épocas pasadas -en especial el padre-  deseaba que el mayor naciera hombre para que continuara su linaje, la herencia y tal vez por ego, deseaba ver la  proyección suya en el hijo, representando sus ideales y sueños en la figura del hijo.  Algunos de estos deseos todavía se hacen eco en los momentos actuales, dependiendo del tipo de hogar que circunscriba a dicho descendiente.
 
Al hijo mayor se le atribuyen características afines a su posición, tales como: Su capacidad de liderazgo, los afectos paternales, los arraigos a las costumbres familiares y  el proteccionismo, este último en especial adjudicado a su papel de cuidador, cuando existen otros hermanos.  El hijo mayor suele ser el experimento donde los padres inauguran su progenitura,  pues toda la información solo se convertirá en conocimiento con la práctica (como sucede con cualquier actividad nueva). No ajenos a ello, los nuevos padres aplicaran la técnica de ensayo y error hasta ajustar –si es que lo consiguen en algún momento- tanto sus sentimientos como el temperamento del hijo y los conflictos personales que se evidencian en su nuevo rol de tatas.
Sin lugar a dudas la mayor dificultad se presenta en la manifestación de los conflictos personales que posee cada miembro de la pareja, para ser padres; siendo hasta este momento, unos inquilinos ocultos en el inconsciente, que surgen de improviso y en muchas ocasiones negados, pues los conflictos son eso, por su difícil admisión y reconocimiento.  Debido a todo esto, el hijo mayor suscita en el mundo de la pareja gran cantidad de cambios en su vida y según el grado de consciencia de los noveles progenitores, unas secuelas para el primogénito.
Dentro de las posibles secuelas encontramos algunas de poca trascendencia como por ejemplo, aquella apreciable en la cabeza plana en la parte posterior de algunas personas, motivo de burla de reuniones familiares, adjudicado a la falta de experiencia de los padres para rotar la cabeza del neonato mientras duerme, hasta faltas graves como aquella sobre la cual hablaremos a continuación y que tiene que ver con el rol que algunos hijos mayores desempeñan al ocupar una función emocional que no les corresponde. Es el caso concretamente de un niño que se transforma emocionalmente en “viejo” como consecuencia del papel que realizan los primogénitos varones en ciertos hogares, en donde existe negligencia por parte del padre y sobreprotección por parte de la madre.
Este fenómeno se presenta, por un lado, debido a la ausencia permanente o constante del padre. A través de dicha ausencia (que puede ser física y/o emocional), el hombre se margina de sus funciones masculinas como proveedor afectivo, en considerables casos llegando a abandonar su función de proveedor de las necesidades materiales básicas para el hogar. Y por el otro lado tenemos la actitud sobre-protectora de la madre; inducida por su incapacidad e inseguridad para transmitir sus afectos maternales y de acompañarlos con la debida formación en valores e independencia. Dicho fenómeno genera que el hijo en mención se convierta en el  “proveedor de necesidades emocionales de la madre y hermanos", un niño-viejo.
Esta conducta se fundamenta en una gran necesidad masculina por parte de la madre, mediante la cual ella, ignorante, forma a ese hijo para suplir sus demandas emocionales enmascaradas en afectividad materna. Ella se encuentra confundida, pues ignora que en realidad es el abandono masculino que demanda, lo que la induce a adquirir dicho comportamiento con este hijo. Esta mujer forma al primogénito varón, de manera que le supla sus carencias, las cuales –incluso en ciertos casos- llegan a ser de orden material; en cuya situación el hijo se verá forzado a  trabajar a edades tempranas para contribuir económicamente en el mantenimiento del hogar.  El padre se acomoda a la situación, luego su carácter y conducta indiferente se ven compensadas de algún modo y le benefician su falta de compromiso e incapacidad para superar sus conflictos. Lógicamente si el padre no existe, el fenómeno tomará más vuelo.
Las consecuencias para el hijo se evidenciaran profundamente, en la edad adulta. Sin lugar a dudas,  una de las más graves se encuentra en las dificultades para encontrar una esposa y formar una familia propia. La última estriba en que inconscientemente ya tiene una familia: su madre y hermanos, ya que ellos son los que ocupan dicho espacio emocional. La primera radica en que buscará por esposa a una mujer que sea la proyección de su madre, búsqueda esta que puede durar toda la vida, además de la negativa consciente o inconsciente de la madre de no querer desprenderse del que ha sido su proveedor emocional, su hijo al que ha moldeado para ella.
Una mujer puede identificar este tipo de fenómeno en los hombres que confluyen con su vida al observar ciertos comportamientos  como por ejemplo,  aquel que siendo mayor de 25 años, aún vive con la madre, la cual continua proporcionándole todos los servicios y tareas del hogar (inhibiéndole a él de realizarlas) tales como: cocinar, arreglar la ropa, ordenar la habitación, etc. Cuando este individuo se encuentra por fuera del radio de su madre, estará desesperado por llamarla  o simplemente ella lo llamará constantemente. Su progenitora estará muy presente en sus temas de conversación. Además, será un hombre difícil de “atrapar”, complicado para comprometerse y especialista en evadir las relaciones “serias”.
Generalmente, el encuentro amoroso de cualquier mujer con este tipo de hombre termina con sufrimiento ya que la mujer, asimismo de conquistar al hijo, necesita conquistar también a la madre y muchas veces luchar con ella para arrebatarle el hijo. Esta relación se convierte en un campo de batalla constante entre suegra y nuera, situación que suele también reconfortar al hombre en disputa, pues su ego necesita sentirse reconocido y esta es una forma ideal para lograrlo. Así que antes de empezar una relación con un hombre como estos, la mujer debe ser consciente de las vicisitudes con las cuales se enfrentara, luego son hombres que fácilmente arrastran a la desgracia.
Si una madre es capaz de tomar conciencia de que está formando a un “niño-viejo”, pues bien ¡felicidades! ya que es bastante difícil darse cuenta de ello. No obstante, en esta situación lo importante es empezar a liberarlo de las disfunciones tales como: cuidar de sus hermanos, conseguir dinero para sostener la familia (en lugar de exigírselo al padre), ser el refugio de las tristezas, el cómplice o confidente propio, entre otros. También  deberá prescindir de actitudes como  dormir en la misma cama -así sea de vez en cuando-  hacerse la victima ante él e incluso inculcarle rabia u odio, hacia quien le profesa ofensa.  Por el contrario, se le debe inculcar la autonomía, independencia y responsabilidades propias de su edad. Formarlo bajo el precepto de “que cada día, me necesite menos”, animarle a pensar en lo que quiere hacer ayudándolo a construir sus propios sueños, en lugar de proyectar los propios sobre los de él.
Es posible que este tipo de hombre sea la pareja de muchas mujeres, motivo por el cual hay que  partir de lo elemental, es decir, el reconocimiento e identificación de la situación. Luego, es conveniente que la compañera se inhiba de batallar con la suegra ya que esto ocasionara más turbación y menos lucidez en la relación.  Dentro de las actitudes sanas a implementar, sobresaldría el jamás ser su cómplice, aclarar sus compromisos y obligaciones y, más que hablar, se trata de actuar, ya que esto le permiten a él, observar las consecuencias de sus actos.
El peor error es repetir las acciones de su madre como el asumir sus responsabilidades físicas o emocionales o acceder a que otros lo hagan por él, no importa lo mínimas que sean. Esta actitud le servirá a él, para hacerse consciente de sus actos o por lo menos para que los seres cercanos no sufran tanto debido a su comportamiento.  Lógicamente no hay que dejar de reflexionar sobre el hecho de que cuando alguna mujer se encuentra con un niño-viejo, hecho hombre, están implícitas en ella unas características que se complementan con la actitud que él presenta. Cuando la mencionada correspondencia se transforma en conflicto recurrente, es indudable que estas familias, necesitaran algo más, quizás asistencia profesional. Todo dependerá del arraigo de dicha conducta y la forma de interactuar de los seres que cohabitan con un hombre de este tipo.

sábado, 13 de abril de 2013

¿MERECEN IMPORTANCIA LAS DIFERENCIAS ENTRE EL HOMBRE Y LA MUJER?

¿Cuántas veces hemos escuchado expresiones tales como: “las mujeres hablan mucho” “los hombres siempre quieren sexo” “ellas viven en el pasado” “ellos viven en el trabajo y en el estadio de futbol”?; en fin, frases coloquiales que pueden tener alguna verdad y sobre las cuales me he dado a la tarea de indagar un poco al respecto para confirmar la verdadera importancia de estas diferencias; a continuación les comparto algunas consideraciones que he encontrado.
Pues bien, son ya bastantes los autores que han tratado y estudiado las diferencias en el comportamiento entre hombres y mujeres, existen libros como “Los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus”, “Como mejorar su matrimonio sin hablar al respecto”, libros que recomiendo ampliamente para aquellos que deseen mejorar su relación con el sexo opuesto, en estos libros se definen diversidades conductuales, en especial hacia el interior de las familias, que nos permiten comprender muchos de los conflictos que genera la simbiosis masculina-femenina. Los hombres y mujeres nos distinguimos en la forma de sentir, pensar y actuar, las féminas por naturaleza están dotadas de características maternales que un hombre jamás gozará, el hombre por su parte, puede poner la mente en blanco, mientras que la mujer siempre tiene en su mente multitud de pensamientos, el hombre es como el sol, en el aspecto sexual, nunca se apaga, en cambio la mujer es como la luna, cíclica. Como pueden ver, interesantes y controvertidas diferencias para el entendimiento, comprensión y aceptación de nuestro opuesto sexual y la debida conjunción entre lo masculino y lo femenino.

Estas diferencias gozan ya de una explicación no solo desde el punto de vista psíquico sino fisiológico, gracias a los estudios como los que ha realizado la Dra. Brizendine, sobre el cerebro femenino y que expone en su libro con el mismo nombre "El cerebro Femenino”, en este, ella establece que  existen diferencias en el cerebro entre hombres y mujeres y asegura según sus investigaciones que el cerebro se desarrolla de formas diferentes. La doctora, concluye: “Las mujeres tienen 11% más de neuronas en la zona del cerebro dedicada a las emociones y a la memoria y debido a ello cuentan con neuronas espejo, son mejores al observar las emociones de otros” y explica esta conclusión de la siguiente forma:

“Esto significa que las mujeres desarrollamos más el cerebro límbico encargado de la parte emocional y el lado derecho del cerebro del neo córtex, encargado de la comunicación, la geometría, las sensaciones, lo global. Y el hombre desarrolla más el cerebro reptil, encargado de la supervivencia, la defensa, etc. y el lado izquierdo del neo córtex, encargado de la lógica, matemática, razón, lo especifico y lineal. Determina que "el hipocampo de la mujer es ligeramente más grande y es el que registra los datos emocionales. Si el hombre se pelea con su esposa, dentro de diez años ni siquiera se acordará de la discusión, pero ella no la olvidará nunca. Quedará firmemente registrada en su hipocampo, que es como su disco duro. Las mujeres percibimos el mundo de una forma completamente distinta de como lo hacen los hombres. Si las mujeres hacen caso de esas diferencias, entonces son capaces de tomar mejores decisiones acerca de sus vidas"

Sin lugar a dudas somos diferentes, las mujeres poseemos mayores  capacidades para comunicarnos, sensibilizarnos y comprender el mundo; claro está, que los hombres están más capacitados para concentrarse, buscar experiencias nuevas, además son exploradores y competitivos, sin ellos difícilmente descubriríamos el mundo y sin ellas dejaríamos de comprenderlo, estaríamos en constante confrontación. Es precisamente la simbiosis entre ambos lo que genera el equilibrio, el antagonismo y la oposición genera la estabilidad y un mundo mejor.

De ahí que debemos propender por alimentar la diferencia, respetar, valorar y aceptar la diversidad ya que en sus entrañas se encuentra la satisfacción mutua.  En muchas ocasiones siento un gran escozor cuando escucho y observo muchas mujeres -feministas radicales- denigrar sobre la esencia femenina, como por ejemplo “que la mujer no es indispensable para ejercer la maternidad” o que “los hombres la pueden ejercer de igual forma que una mujer”. También me indigna ver muchas empresas que imponen un sistema laboral masculino, un trato para la mujer vejatorio, sin ningún tipo de conciliación familiar, con salarios inferiores al de los hombres en la misma función, etc., son muchas las realidades sociales y familiares que actualmente desprestigian y ridiculizan la feminidad. Tanto hombres como mujeres requerimos propender por la identidad femenina, indispensable para la sanidad física y psíquica de nuestra vida.

Por favor dejemos de imponer la denominada “igualdad”, recordemos que somos seres diferentes, inclinémonos más por el equilibrio de sexos, la identidad femenina y el diseño de una sociedad recíproca. Las mujeres debemos tomar partido en la construcción de la sociedad, aportando nuestros valores femeninos tan carentes en la vida actual y los hombres necesitan respetar y obligarse a entender esta naturaleza para conseguir una convivencia saludable.

Definitivamente somos una misma especie con un manual diferente y creo que así debe ser; ¿se imaginan un mundo solo masculino o solo femenino? El mundo de ellos sería un lugar de guerra constante ¡claro esta! En fin, difícilmente sobreviviríamos puesto que ambos sexos somos necesarios y aceptar la diferencia es la clave para la satisfacción mutua, la armonía y la prosperidad.


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