jueves, 4 de diciembre de 2014

Los sometidos de los años 60s y 70s


Los nacidos en esta década hemos experimentado los rigores de una formación, cuyo lema era: “la letra con sangre entra”, somos residuos de la “mano dura”. En las escuelas y en los hogares era imposible protestar, había que bajar la cabeza y someterse completamente a la autoridad, fuera que se llamase padres, profesores, clérigos, etc. Una época donde se gobernaba bajo la imposición, la intimidación y el miedo. Los rebeldes eran tratados como delincuentes, diablos u ovejas negras; de tal forma que el sometimiento era cuestión de supervivencia.

En los años siguientes empezaron a surgir las nuevas teorías y el sistema de formación y educación fue cambiando, pero para los nacidos en esta década ya era demasiado tarde; los recuerdos de “la mano dura” ya estaban tatuados en nuestras piernas y posaderas, también en nuestra mente y en el corazón.

Los nacidos antes de los 60s no tuvieron la oportunidad de cotejar su formación (así era y punto) y para los que vinieron después de los 70s, ya existía (por lo menos en la teoría) una forma de hacerlo; por lo tanto, estos últimos empezaron a tener apoyo legal, gubernamental, religioso etc.; mientras que los nacidos en la década que aludimos no tuvimos esta oportunidad.

Lo expuesto ha traído diversas consecuencias emocionales, reflexionemos un poco sobre algunas que hemos podido identificar:

v       Continuar sometido: consiste en que la persona sigue desarrollando la misma conducta de su infancia en la edad adulta, pero ahora con su espos@, hij@s, jefes, la religión, etc., son seres incapaces de levantar la cabeza y expresarse.
v   Cómplice del sistema: es aquella persona que se alía con el sistema, pero se pasa al papel de dominador, a lo mejor con ánimo de venganza.
v       Los rebeldes: algunos niegan o se negaron a colaborar con el sistema, se abstraen de cualquier asunto que implique seguir en éste, se marginaron de tener su propia familia, emprendieron una huida (física o emocional) que puede aún perdurar.

Algunos hemos podido recomponer; primero, nos hicimos conscientes del dolor y nos dispusimos a sanar; segundo, vimos el error que estábamos cometiendo en la formación de nuestros hijos, ya que estábamos actuando con lastima hacia ellos, al vernos reflejados en su niñez o juventud, vaciando en ellos nuestro dolor e impidiendo el desarrollo de su propia vida, la cual era por supuesto, diferente a la nuestra; tercero, aceptamos la realidad de lo que fue y de lo que ahora es. 

Todavía estamos a tiempo para sanar esas heridas que aunque han cicatrizado por fuera, por dentro pueden estar todavía sangrando, el camino puede ser largo, quién sabe, pero lo importante es empezar. Reconocer las consecuencias es un buen comienzo para sanar y quizás, si es tu caso,  para tratar de reconciliarte con la vida.

Pueden existir otras consecuencias, te ánimo para que nos cuentes y compartas lo que has hecho para superarlas.

martes, 29 de julio de 2014

Si me agrada, soy feliz


Los seres humanos tienden a buscar todo aquello que perciben como agradable y a huir de aquello que perciben como desagradable. Las personas cuando encontramos algo agradable lo relacionamos con felicidad y lo contrario, con infelicidad o desgracia. Es un precepto fuertemente arraigado en nuestra sociedad y sobre el cual hemos sido educados; un criterio sesgado que diezma, parcializa y limita la esencia del significado de la felicidad.  

Desde muy pequeños estamos condicionados a la constante búsqueda de lo agradable, lo cual  deriva en diversas consecuencias; como que cuando nos concentramos demasiado en el sabor agradable de los alimentos, posibilitamos convertirnos en comedores compulsivos, o sea en obesos; también si buscamos siempre personas agradables, podemos llegar a la discriminación y/o a generar enemigos, con la consabida carga de odio y resentimiento; otra consecuencia se produce en el momento que  buscamos de forma acusada que en el trabajo todo sea agradable, ocasionando poco rendimiento laboral, desempleo e inestabilidad económica, si además se acompaña con el desconocimiento de aquello que se quiere hacer.  La búsqueda constante de lo agradable también promueve la adquisición de compulsiones como el alcoholismo, la drogodependencia, la oniomanía (adictos a las compras), etc...

Dentro dela sociedad se han establecido parámetros de lo agradable y desagradable, por ejemplo: resulta ser agradable la belleza física, entonces si una persona es fea (dentro de esos parámetros), es desagradable y en ocasiones repudiada; un hecho que considero en los últimos tiempos ha dado lugar a una oleada de obsesión con la belleza; encontrando un caldo de cultivo en la cirugía plástica y la estética, una solución para quien persigue desesperadamente sentirse agradable y una industria de riqueza para otros. A propósito de la riqueza, este es otro parámetro junto con la fama que ha sido catalogado como agradable, se supone que conseguir estos resultados genera felicidad, lo que significa,  que si alguien es pobre y desconocido, debe ser infeliz. El precepto de lo agradable y desagradable que arrastramos en el inconsciente nos llevan a buscar la felicidad fuera de nosotros mismos, cuando en realidad según las consideraciones propias es un estado de paz interior y no depende de lo que se establece socialmente o de lo que perciban los sentidos como agradable o desagradable.

La forma de transformar esta información en nuestro inconsciente, es precisamente lo contrario: hacer esta información consciente, lo cual nos permitirá entender y comprender que cuando encontramos cosas, personas o situaciones que percibimos como desagradables, necesitamos ser receptivos y abrir la mente para asimilar lo diverso; comprendiendo que las situaciones y personas que se presentan en nuestra vida son los maestros que la vida o Dios nos envía para aprender lo que necesitamos para evolucionar. Precisamente en lo anterior, es donde encontraremos la felicidad, un estado de completa aceptación y paz interior.

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miércoles, 9 de julio de 2014

La queja: una forma de manipular

La queja es una forma para denotar descontento sobre algún aspecto de nuestra vida; la cual en ciertas ocasiones es necesaria y justificada, pero cuando se establece “porque si”, es una actitud que busca manipular. En este artículo me quiero referir precisamente a “la queja” como una forma inconsciente de “satisfacer” algunas necesidades emocionales. Dicha manipulación se puede identificar con características como: la frecuencia, la alevosía y el reconforte. Para explicarlo, veamos cada una por separado:

La Frecuencia: como la palabra lo dice, es cuando sucede de forma reiterada, una constante en la vida de una persona, aquí encontramos a aquel individuo que nada le gusta; si llueve se queja, si hace sol, también. Son personas que buscan razones para emitir quejas. En una oportunidad, coincidí con una vecina que usualmente se quejaba sobre su mal estado de salud, ese día la vi caminando bien y normal, entonces le dije: —me alegra verla tan bien—entonces ella respondió: —sí, pero tengo una gripe — es la respuesta típica de alguien que utiliza la queja con frecuencia para manipular.

La alevosía: es cuando alguien planifica y se empeña en demostrar que su actitud está justificada,  busca obsesivamente asuntos que le obliguen a quejarse, un ejemplo lo encontramos en aquella persona que vive pensando en las tragedias que podrían suceder. En una ocasión conocí una mujer que tenía una empresa en sociedad con su marido, ella vivía averiguando todo tipo de leyes para cuando se separara de su marido, decía que se preparaba para que “él no fuera a aprovechase de ella”. Pasados unos años, la encontré en un gimnasio y me contó que se había separado de su marido y que “menos mal que ella tenía todo controlado”, dijo. A continuación, se despachó a quejarse de su marido como habitualmente lo hacía; “ahora sí que estaban justificadas”. Son personas que atraen situaciones para quejarse, planifican y buscan razones para continuar haciéndolo.

El reconforte: aquí encontramos a individuos que se sienten satisfechos cuando su queja da resultados, por ejemplo si se queja de la lluvia y se llegan a presentar inundaciones, dirá: — ¡si ven! lo que yo decía ¡la lluvia es horrorosa!

Las personas que manipulan mediante la queja, en el fondo demandan: atención, aprobación y amor. La próxima vez que te encuentres con un “quejicas” regálale una sonrisa, un abrazo, una  muestra de cariño pero si ya estás hasta la coronilla de sus quejas, entonces le puedes decir con afecto: ¿Cómo te puedo ayudar a solucionar eso? ¿Te sientes mejor cuando te quejas?, ¿para qué te quejas?; pero eso sí, no le escuches por mucho tiempo porque terminarás quejándote, deprimido, enojado, lo mínimo es que desperdicies tu tiempo; ya que cuando tratas de cambiar su actitud dándole argumentos positivos, usualmente el sujeto tendrá un argumento opuesto al tuyo, a menos que se haga consciente.  

La queja utilizada para manipular, indispone al manipulado, robándole energía, bienestar y tranquilidad; convivir con un “quejicas” puede agotar a las personas que están a su alrededor.

En cantidades de ocasiones “la queja” es improductiva así no sea para manipular, en especial cuando está fuera de nuestro alcance; en lugar de quejarnos es mejor buscar soluciones y actuar, también evaluar que actitudes nuestras están atrayendo la situación; tratando de cambiar lo que se pueda o aceptando lo que no se pueda.


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jueves, 5 de junio de 2014

Atraigo Hombres Comprometido

Sandra soñaba constantemente con casarse y tener hijos; sin embargo, cada vez que se enteraba de que el hombre que estrechaba contra su pecho estaba comprometido, el sueño se desvanecía como espuma entre sus brazos. Una desilusión que se repetía con insistencia a lo largo de su vida sentimental, sin que ella lo pudiera “remediar”. Sandra se convertía en el segundo plato de aquel hombre con el que deseaba realizar una familia, ya que ante la necesidad sentimental acumulada, terminaba resignándose con las migajas de amor que le proveía y cuando sentía que no soportaba el sufrimiento que le generaba tal situación, decidía terminar la relación, llena de frustración. No obstante, de nuevo encontraba a alguien y entonces, el ciclo se volvía a repetir. Sandra representa a un grupo de mujeres que se impelen a dicho escenario, féminas que se marginan de la estabilidad y la plenitud sentimental. Es frecuente creer que la situación se produce por casualidad o mala suerte, empero, desde el punto de vista emocional, existen diversas explicaciones. Dentro de los efectos inconscientes que pueden conducir a una mujer a atraer hombres imposibles para establecer una relación monógama, estable y comprometida, encontramos las siguientes:

1. Incapacidad para responsabilizarse: se trata de un efecto que presentan ciertas mujeres que se quedan ancladas a alguna etapa de su desarrollo infantil o adolescente, ellas exhiben un comportamiento pueril; impedida para cumplir con obligaciones, disciplinarse y/o comprometerse. Por lo general se encuentran apegadas a sus progenitores, incapaces de desarrollarse en hábitos maritales y maternos. Ellas tienden a una personalidad extrema, son muy introvertidas o demasiado extrovertidas. Dichas mujeres inconscientemente atraen hombres que la alejen de la posibilidad de establecer una relación sólida, debido a su temor o incapacidad para responsabilizarse. 

2. Necesidad de competencia: este efecto es característico de una mujer que tuvo que suplicar en su vida infantil por el amor, atención y cuidado del padre. Lo anterior, la condujo a asumir un comportamiento bélico emocional con su madre o hermanas para conseguir lo que necesitaba de su padre; sin embargo, pese a su combatividad no consiguió su propósito, puesto que el padre estaba incapacitado para amarla, de la misma forma que los hombres que atrae en su vida adulta. Ella se acostumbró a competir por amor con otra(s) mujeres, cree inconscientemente que es la forma de obtener amor, de ahí que atraiga hombres comprometidos. 

3. Apego paterno: se ajusta a una mujer que se quedó atrapada en los pantalones de su padre, él la sobreprotegió o la abandonó física o emocionalmente; por lo tanto, ella se obsesionó con el padre, nadando entre la excesiva protección o la fantasía de su presencia física o emocional. En el primer caso, de adulta, tiende a continuar al lado de su padre y buscar hombres sólo para relacionarse sexualmente, por eso atrae inconscientemente hombres comprometidos, así no le exigirán abandonar a su padre. En el segundo caso, la mujer se siente abandonada, entonces tiende a buscar desesperadamente un hombre que corresponda con la fantasía que alberga desde niña, en realidad busca un padre; de ahí que atraiga de forma inconsciente hombres comprometidos que sean padres y que al final la abandonen (modelo infantil).

4. Modelo materno: el efecto sucede cuando la madre ha transmitido desde niña a estas mujeres, un modelo similar al planteado, es decir el de una mujer que atrae hombres comprometidos, generando relaciones informales, sin estabilidad y estructura. La hija presenta una alta identificación con la madre, por eso clona el comportamiento de ella y se acostumbra a ser un plato de segunda mano, tal como lo fue su madre.

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viernes, 9 de mayo de 2014

¿Son nuestras creencias un revulsivo de cambio?


Es común pensar que por el hecho de profesar una determinada creencia o filosofía de vida, se logran los cambios personales y mejorar la vida; sin embargo, en ciertas oportunidades hemos observado personas que siendo muy “religiosas o espirituales”, obran de forma contraria a los principios o preceptos que profesan; dicho comportamiento causa gran decepción en especial para aquellos que somos sus seres queridos o amigos, máxime cuando en algún momento han tratado de convencernos mediante la prédica de “la verdad”, pretendiendo inducirnos a su religión, secta, grupo o ideología. Dichas personas creen o quieren hacer creer que su dogma las ha cambiado, mostrándose como su doctrina les indica o como ellos quisieran ser. El mencionado auto-engaño genera en el sujeto, represión de emociones; por esta razón, quedan en evidencia ante ciertas circunstancias, mostrando las acequias que quieren ocultar. La prédica se desvanece entre las emociones que se apropian de sus actos y terminan procediendo en una flagrante violación a los dogmas que abrigan.

El adoptar una filosofía o doctrina de vida o pertenecer a algún grupo con modo común de expresar  la fe o método para buscar a Dios, la paz interior o el paraíso; no es un garante para conseguir un cambio personal. El hecho de creer, participar de eventos y leer libros, es solo el comienzo del camino y quedarnos atrapados en esta fase es una forma de evadir la responsabilidad con nosotros mismos. En realidad estamos abandonando los principales propósitos para mejorar nuestra vida, como: conocernos a nosotros mismos, identificando tanto las miserias como las riquezas que poseemos; sanar y aceptar con profundo amor la realidad de nuestra vida; adquirir la habilidad para cambiar aquello que no somos y minimizar aquellas debilidades que lastiman, entre otras. Cuando nos alejamos de nosotros mismos y exclusivamente nos enfocamos hacia personificaciones o entes externos (Dios, maestro, guía, filosofía), lo que posiblemente conseguiremos será motivación prestada y momentánea y el objetivo de cambiar, se esfumará.  

Las creencias, la filosofía o los conceptos corresponden al intelecto; por tanto hasta que estos no toquen las emociones (el inconsciente) los verdaderos cambios no se producirán. Antes que nada necesitamos salir del analfabetismo emocional, encaminándonos a peregrinar en nuestro interior.

El desarrollo integral del ser humano presenta diferentes escalas, la escala inicial empieza por identificar que no somos solo un pedazo de carne que se mueve y piensa, en esta fase buscamos la religión para satisfacer el vacío del no-ser, luego viene el proceso de relacionarse con las emociones para conocerse y sanar, aquí es donde empezamos a necesitar la conexión espiritual primero con nosotros y luego con Dios, Divinidad, Fuente Universal, etc.  


Todo lo expuesto permite recapacitar acerca de lo que estamos haciendo para cambiar y mejorar nuestra vida y a la vez comprender las diferentes fases de desarrollo del ser, para poder respetar el proceso propio y el de los demás. Concebir a las personas que hemos descrito en el primer párrafo, es aceptar que su desarrollo se encuentra en las escalas del no-ser y posiblemente estén atrapadas o necesiten quedarse allí; no obstante si la mencionada situación sigue causando malestar es porque a lo mejor se esté compartiendo el mismo escalón, no obstante, esta reflexión servirá para penetrar sobre sí mismo y empezar el proceso de peregrinaje interior. La comprensión consciente (sin engaños y evasión) es  sinónimo de evolución: “cuanto existe sabiduría, mayor humildad y comprensión”.

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martes, 15 de abril de 2014

“QUE NO LE PASE LO QUE A MI"


Este es un lema bajo el que muchos padres hemos o estamos educando a nuestros hijos, el cual puede estar presente tanto consciente como inconscientemente. La mayoría de los que somos padres hoy día, fuimos levantados en ambientes hostiles, entre el maltrato físico, psicológico y/o las carencias físicas; procedemos de padres que vienen de tiempos de guerra, posguerra o de dictaduras y la consiguiente época de pobreza, reconstrucción y asimilación, un panorama que junto a la ignorancia, provocó una generación de padres bajo este lema.  Dicho contexto dio lugar al brote de padres lastimados, forjados con la idea de “esto que me pasa a mí no le pasará a mis hijos”, una premisa que ayudaba en aquellos momentos a solapar el dolor y la que se convirtió en una promesa consciente o inconsciente hacia sus futuros hijos.

La promesa de “que no le pase lo que a mí” gesta hoy en día sus frutos, son aquellos adolescentes,  jóvenes o niños que lo han tenido “todo”, dicha imagen presente en las mentes de los padres viéndose posiblemente con los zapatos rotos, el plato de comida vacío o las palizas o el desprecio de sus padres, son las escenas que arrojaron y arrojan a algunos padres a ocuparnos de que a nuestros hijos no les falte “nada”. Muchas madres han salido a laborar duro junto con los padres para no repetir la historia. El que no les falte “nada” significa mucho más que satisfacerles sus necesidades básicas, además, tienen complacidos sus mínimos caprichos, circunstancia que ha generado hijos carentes de sensibilidad, apoderados de sus hogares, exigentes y en ocasiones agresivos. También en el campo emocional hemos educado una generación de hijos sobreprotegidos, con pocos límites y normas. No obstante, la complacencia material y la sobreprotección, son hijos carentes de amor, atención y cuidado; sus padres están muy ocupados en conseguir el dinero para complacerles. Una combinación que trae como consecuencia jóvenes o niños imponentes, inseguros, inútiles y en algunas ocasiones en pequeños (grandes) dictadores maltratadores de sus padres.

Los padres que educamos a los hijos bajo el lema del que estamos hablando, en realidad queremos evitar relacionarnos con los recuerdos que nos originan: dolor, impotencia, tristeza, desprecio, etc.,  buscamos tapar esto con la imagen de nuestros hijos “teniendo todo, sin sufrimiento” que es lo que nosotros hubiésemos deseado en esa etapa, o sea que estamos proyectando nuestra vida en nuestros hijos, les robamos su existencia para salir de nuestras propias frustraciones. Evitamos a toda costa revivir aquellas escenas que nos hacen sufrir. Nos olvidamos de que ellos tienen una vida distinta a la nuestra y que sus circunstancias son diferentes. Una dura verdad que necesitamos descubrir para dejar de actuar de forma inconsciente.

Es nuestra obligación paterna suministrarles las necesidades básicas, pero también es nuestro compromiso darles amor, atención, corregirles y ponerles límites.,

Esta reflexión es la que me ha llevado a empezar a corregir desde hace algunos años, la dirección que llevaba frente a la educación de mis hijos, un giro que me ha reconducido a mirarme hacia dentro para sanar lo propio y liberar a mis hijos de esta carga. Espero que esta reflexión también te pueda conducir a realizar este giro o por lo menos a cuestionarte sobre los frutos que como padres estamos entregando a esta sociedad.

Espero tus comentarios y aportes.

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lunes, 31 de marzo de 2014

Somos seres en aprendizaje, con "defectos de fábrica"


La perfección es el mayor grado de aproximación a la excelencia, un significado que es común confundir con la ausencia total de errores, lo cual aplicado a la vida real, es imposible; ya que como  hemos visto en anteriores escritos como: “Héroes de carne y hueso”, este mundo es una escuela de aprendizaje. Para profundizar sobre la perfección, en primera medida observemos que en el aspecto físico todos tenemos defectos, hasta el cuerpo más “perfecto” como el de las “Miss”, tiene alguno; hace algún tiempo me sorprendió escuchar en una entrevista a la Miss Universo actual, decir que ella se acomplejaba por su pies y cuando los mostró, de verdad que tenía razón, no para acomplejarse, pero tenía un defecto en su dedo pequeño. De forma similar ocurre con nuestra personalidad, todos tenemos debilidades (defectos), ahora, si estas son demasiado acentuadas, provocan actuaciones equivocadas. Para explicar lo anterior, tomemos el ejemplo de una persona celosa; cuando dicha persona siente la cercanía de otras personas a su pareja o ser querido, sentirá cierta sensación que la conducirá a estar alerta, con cierto miedo y expectante de los hechos, hasta aquí está su debilidad haciéndose presente; no obstante, si permite que su inseguridad la domine, su mente empezará a imaginar sobre lo que podría llegar a pasar y perderá la ecuanimidad y posiblemente se desenfoque de la realidad, conduciéndola a realizar acciones equivocadas y causando un problema mayor. La debilidad en este caso, lleva a la persona a inclinarse hacia la suposición y la imaginación, pero si inmediatamente respira y se mantiene ceñida a la realidad de los hechos, podrá tomar las decisiones acertadas, mientras que lo contrario a perder su centro y la cordura.

En el anterior párrafo hemos visto parte de “la teoría de errores en las medidas”, un conocimiento propio que nos sirve para comprender la necesidad de aceptar los que somos; simplemente somos seres en aprendizaje, con “defectos de fábrica”. Dentro de los principios de dicha teoría, establece una clara diferencia entre un error (debilidades) y una equivocación (conflicto personal), además dice que toda medida presenta errores, lo que sí se puede lograr es minimizarlos y llegar a una máxima cercanía a la perfección, que en la teoría de errores se llama exactitud. De acuerdo a todo la anterior y aplicando esta teoría en nuestra vida, podemos reparar en lo siguiente: 

  • Todos los seres humanos presentamos debilidades, hacen parte de lo que somos y así como somos, la vida necesita de nosotros; en la naturaleza podemos observar diferentes especies y según nuestra interpretación pueden ser agradables o no, sin embargo ahí están y cumplen una función, un árbol no se acompleja por feo, quizás si fuera más hermoso a la mejor no cumpliría con su misión. Necesitamos aceptar que somos parte de la naturaleza y simplemente somos imperfectos.
  • Podemos aprender a minimizar las debilidades (errores) con altos grados de consciencia, sin embargo el defecto estará allí, sólo que al aceptarlo (si no lo conocemos y aceptamos, se transforma en equivocación) podemos convivir con él, sin darle más vida de la que tiene.
  • Los problemas o conflictos se originan en acciones equivocadas, ahora según “la teoría de errores”, las equivocaciones, se pueden evitar y corregir, esta es la buena noticia. Según dice la misma, teniendo cuidado se pueden obviar y se pueden eliminar al revisar, detectar y reparar; lo anterior aplicado a nuestra vida significa que con atención consciente (estar centrados) se evitan y se eliminan, evaluando los hechos (revisar), aceptandolos (detección) y pidiendo perdón, sanando en conciencia para no repetir (reparar), esto incluye en casos graves una terapia. Lo que si necesitamos tener presente es que entre más grave sea la equivocación, más difícil será de reparar e incluso imposible en ocasiones, sin embargo siempre existe la oportunidad de suavizar las consecuencias de nuestros actos, con altos grados de consciencia y sanación, hasta la persona más perversa tiene oportunidades de cambiar su vida, si se hace consciente. Total, estamos en una escuela.




martes, 18 de marzo de 2014

HÉROES DE CARNE Y HUESO

Los seres humanos por lo general necesitamos creer en algo superior para sentirnos protegidos, pero a menudo idealizamos a seres de carne y hueso y le damos el talante de “héroe o heroína”, circunstancia que conlleva un riesgo: que se caigan del pedestal y suframos una gran decepción.  Situación que recientemente experimenté al leer que uno de mis escritores favoritos se había separado de su esposa, algo contradictorio con lo que expresaba en uno de sus libros, donde con seguridad afirmaba que ella era su “alma gemela”; esto me produjo gran desilusión y al parecer me disponía a sufrir un proceso que había experimentado en ocasiones similares, que inicialmente pasaba por la rabia con el “héroe”, el juicio sobre su acción y por último, le apartaba de mi vida; sin embargo, en esta oportunidad quise reflexionar, sentir, observar y analizar mis percepciones de una manera más profunda. Inicialmente me cuestione: ¿Qué siento? ¿Dónde siento este malestar dentro de mí?, ¿Cuál es el origen de esta sensación? —preguntas que me ayudan a conectarme y hacerme consiente—, luego vino a mi mente una frase que escuché algún día: “Somos almas viviendo una experiencia humana, a través de un cuerpo”; todo lo anterior me permitió comprender que el mundo es una escuela y los habitantes sobre la tierra somos estudiantes y al igual que en cualquier centro educativo, existen diferentes niveles de aprendizaje y capacidades; así que, hasta los superdotados tienen flaquezas en algún área del aprendizaje. Por consiguiente, aquellos seres que subimos al pedestal son humanos y consecuentemente tienen sus puntos débiles e imperfecciones y ellos en absoluto son responsables de que nosotros los pongamos allí. 


Reflexionar sobre todo lo expuesto me condujo a seguir admirando al susodicho escritor, sin juzgar su vida y decidí continuar aprendiendo de sus escritos, tomando aquello que considerara útil para mi crecimiento. Además pude sentir que en realidad lo que estaba buscando en un “héroe”, era seguridad; por lo tanto, en el momento lo que me estaba enseñando era que debía de consentirme  sentir esa inseguridad, aceptarla y seguir profundizando en ella para disolverla o simplemente dejarla estar, hasta que mi mente la comprendiera y se desvaneciera por su nimiedad. Había puesto en un pedestal a esta persona, para alejarme de mi misma, debido a la frustración que sentía por no arriesgarme a conseguir lo que él había conseguido, el efecto lo saciaba con la idealización del “héroe”. De ahí la rabia y la desilusión, su fracaso era el propio, sin embargo, lo ocultaba lanzándole  dardos y abandonándole, lo cual era una forma de abandonar mis propios sueños.


Es importante considerar que existen y requerimos líderes, no obstante sin perder de vista de que son seres humanos y están como nosotros en aprendizaje; simplemente pueden estar en niveles más altos en otros aspectos en los cuales nuestro nivel es inferior al suyo y los necesitamos como  guías, orientadores y modelos, pero en ningún momento significará que abandonemos la responsabilidad que tenemos sobre nuestras emociones, sentimientos, pensamientos, palabras y acciones. Aunque también es relevante tener presente que existen aquellos que se disfrazan de guías o líderes, embebidos solo en la charlatanería para engañar a los incautos.

Los seres humanos estamos ávidos de héroes y por eso quizás estamos buscándolos en deportistas, líderes políticos o espirituales, profesores, artistas, etc., pero cuando ellos se comportan como humanos, les odiamos, les repudiamos, les fastidiamos, no pueden equivocarse, estamos vaciando en ellos, nuestros propios vacíos, miedos e inseguridades, les castigamos e ignoramos cuando interpretamos que se equivocan con respecto a las expectativas que tenemos sobre ellos.

En lugar de buscar héroes afuera, busquemos ese que hay dentro y aunque es un estudiante, seguro que encontraremos aprendizaje y la aceptación del relieve propio, nuestros valles, montañas, desiertos, mares, ríos y lagunas y día a día encontrar más paz y posiblemente el verdadero amor, aquel que dicen es el que sentimos por nosotros mismos.


Busquemos líderes, guías y orientadores, teniendo siempre presente que todos los seres humanos estamos militando en la misma escuela, una que se llama tierra.

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viernes, 7 de marzo de 2014

La corrupción, un mal social con origen emocional

En este corto escrito quiero puntualizar sobre los orígenes emocionales de dicho mal - la llamo así, porque corroe como un cáncer y al parecer también es contagiosa-. Dentro de las causas emocionales pueden existir varias, en este artículo hablaré sobre las que considero más importantes; con el propósito principal de sembrar la inquietud y la reflexión.

 En un escrito precedente hemos hablado sobre la “obsesión al dinero”, esta es una de las principales causas por la cual una persona se convierte en corrupta, otra, la encontramos en la atadura que presenta a su etapa infantil o adolescente, originada por lo general en la sobreprotección o abandono emocional de sus padres, se trata de un hijo al cual los progenitores le conceden sus caprichos con facilidad, debido a la incapacidad de brindarle emocionalmente lo que requiere. Los padres inconscientemente compensan de esta forma sus culpas; impedidos para establecer límites, aspecto indispensable para la autoestima, la ponderación y la integración social de su hijo. El individuo caprichoso es débil y posee una base emocional deficiente para lograr sus metas por méritos propios, carece de auto-respeto y fortaleza para sobreponerse a las dificultades, además es  envidiosa; en términos generales se trata de alguien que aplica la frase “el fin justifica los medios”, desposeídos de ética y moral, con una mente fantasiosa y ansiosa.

Es el típico individuo que cuando conoces, te hablará de negocios y proyectos de orden titánico, con suntuosas ganancias, aquella persona habladora y persuasiva que una vez consigue su objetivo, se aleja o pierde el interés por los demás, también es el típico compañero de trabajo que quiere que le suplan sus funciones y/o es tramposo, tal vez buscando con acuciosidad apoderarse del lugar de su jefe o de un amigo o conocido que genera cizaña entre los grupos, para pescar en rio revuelto, además difícilmente acepta un “no” como respuesta. Un sujeto incapaz de ser honesto que viola de forma solapada la ley y las normas y se puede llegar ufanar de sus triquiñuelas.

El corrupto es una persona caprichosa que se siente incapaz de merecer con su propio esfuerzo, sus sueños, luego, sus padres lo inhabilitaron, le coartaron su desarrollo, le transmitieron el concepto de que siempre podía conseguir lo que quería, pero acosta de los demás (sus padres). Individuos que pueden llegar a cambiar con fuertes golpes, como la cárcel o el infortunio de alguien querido como consecuencia de su comportamiento, pero mientras encuentren la complicidad de otros, la mirada esquiva de la sociedad y la candidez de algunos, seguirán con su proceder.


Solemos quejarnos sobre el fenómeno de la corrupción, pero: ¿qué estamos haciendo para contribuir con ello? o ¿qué estamos dejando de hacer? ¿Somos acaso del tipo de padres que hemos comentado? o ¿el amigo, compañero, que festeja y piensa de que es muy listo aquel que no se deja pillar haciendo trampa en una universidad, en el trabajo o en la calle? o ¿simplemente volteamos la vista? o ¿somos, los incautos? o ¿quizás seamos de aquellos que practicamos “el fin justifica los medios”?

jueves, 20 de febrero de 2014

Apego o dependencia

Es común confundir el significado emocional de estas dos palabras, para ayudar a clarificarlas observemos como se aplican dentro de la vida de un ser humano: El apego es una emoción que inclina a una persona a mantenerse en constante vínculo con una situación, objeto, sujeto u ente; busca en aquello: seguridad, satisfacción, tranquilidad, relajación, etc., en fin, pretende calmar con esto una sensación de vacío que ostenta.  Cuando la persona pierde el contacto con dicho elemento (en casos extremos), se puede sentir frustrada y desesperada; posibilitando el desencadenamiento de una obsesión, algún bloqueo emocional e incluso la muerte. Ahora, la dependencia, es una necesidad natural e instintiva que permite a un ser humano sobrevivir, sentir seguridad, lograr metas y sueños; es una respuesta a una necesidad mayor, LA UNIDAD. Hacemos parte de un ecosistema y somos a la vez otro ecosistema, en otras palabras, todos los seres estamos conectados y necesitamos unos de otros para vivir en este universo. Desde que nacemos requerimos de otros para sobrevivir física y emocionalmente (los padres) y de adultos seguimos necesitando de otros para sobrevivir física (jefe, empresa, cliente, colegas, empleados, sociedad, estado, etc.), emocional (pareja, hijos, familia, amigos, conocidos, vecinos, etc.,) y espiritualmente (iglesia, comunidad, Dios, Divinidad, el sol, etc.). Lo anterior significa que solos difícilmente podríamos desenvolvernos en este mundo.

De acuerdo a lo observado, podemos sintetizar que: la dependencia es un instinto natural y una necesidad implícita en cualquier ser humano; por lo tanto hace parte de la vida y requerimos aceptarla como tal, para desarrollar nuestra vida; mientras que el apego, se origina en los vacíos emocionales que presenta una persona y dependiendo de la avidez de los mismos, puede convertirse en una enfermedad (física o mental) perjudicial para su existencia.

Identificar la diferencia entre estos términos es relevante para encontrar la mesura y evitar caer en extremismos, al mismo tiempo para ver la realidad de lo que somos y conseguir elevar nuestro grado consciencia.

miércoles, 12 de febrero de 2014

EL ABANDONO, UN HÁBITO EMOCIONAL PERNICIOSO


El abandono es un temor que impide a una persona establecer relaciones de confianza, respeto, adecuada comunicación y amor; el individuo con este temor adquiere diversos comportamientos que posiblemente, consigan por un lado, alejar a aquellas personas que le pueden amar y por el otro, atraer a aquellas que no le van a amar, valorar y respetar. Por lo general dichas personas se quedan atrapadas en el victimismo o en la indiferencia, la primera es una actitud que se caracteriza por el sufrimiento y la segunda por la evasión; ambos esconden el miedo al abandono.

La persona que presenta la actitud de víctima, en vista de que atrae como pareja a quien le va hacer sufrir, se encuentra con sujetos incapaces de amar, promiscuos o simplemente que divergen para hacer pareja; por lo tanto, frecuentemente parten, dejando el nido vacío. Situación que suele agravarse cuando la víctima se obsesiona con el abandónico y le hostiga, persigue o acosa, busca de manera enfermiza que regrese. En cambio la otra actitud, la de indiferencia, pone una barrera casi infranqueable, es difícil intimar con esta persona y conocerle, es el típico que huye cuando se enamora para evitar que lo abandonen.

Para observar este temor, tomemos el caso de María: ella es una atractiva mujer que lucha por establecer una relación sentimental estable, ha tenido dos relaciones “estables”, la primera fue con el padre de su única hija, un hombre que jamás la respetó, constantemente conseguía amantes y las paseaba enfrente de María de forma descarada; sin embargo ella continuamente lo perdonaba, hasta que él dio por terminada la relación cuando estableció otra unión y decidió abandonar a María definitivamente. Ella sufrió muchos años y tratando de olvidar, estuvo dando tumbos en diferentes brazos para amainar su pena, hasta que hace unos cuantos años apareció un hombre. María al parecer había encontrado un nuevo amor y una relación estable, sin embargo, pasado un año, él empezó a comportarse de forma extraña y alegando una depresión, abandonó a María; no obstante, ella insistió y lo buscó, justificando su persecución debido a su situación económica, hasta que logró meterse de nuevo en su cama y en su vida, con múltiples manipulaciones, pero al poco tiempo de esto, de nuevo él empezó con actitudes extrañas y un día le pidió a María que se marchara porque había encontrado un nuevo amor. Ella partió con el corazón compungido y el alma destrozada, además María lo observó varias veces con su nueva pareja paseándose tranquilamente enfrente de ella. Empero, la historia no termina aquí, María ha regresado otra vez con él; ella se ha envuelto en un círculo vicioso de amor y abandono.


El caso de María es el típico de una persona que presenta un hábito emocional pernicioso de abandono con victimismo, ella aprendió desde muy niña dicho habito; sus padres la abandonaron emocionalmente cuando estaba pequeña, a causa del alcoholismo del padre y la muerte de su  hermana mayor; ellos dejaron de atenderla, darle afecto, ponerle límites y lógicamente, amor, en especial el padre. María se acostumbró a estar en carencia y a sufrir por el abandono, ella se obsesionó con conseguir que esencialmente su padre, la atendiera y amara, pero como no lo logró, siguió buscándolo en cada hombre que amaba; sin embargo atraía hombres con los cuales no tenía posibilidad de que la amaran, ella los conquistaba puesto que se presentaba con la personalidad que a ellos les atraía, pero al poco tiempo, estos se daban cuenta de que María no era lo que querían; entonces en este momento, la dejaban. María inconscientemente buscaba hombres que “sabía” tarde o temprano la abandonarían, como su padre; sin embargo, su obsesión por conseguir que la amaran, la llevaba a manipularlos y asediarlos, convirtiendo su vida en un rodar de sufrimiento, tal como estaba acostumbrada.

jueves, 30 de enero de 2014

PROYECCIONES EMOCIONALES


Hace algún tiempo, un individuo me preguntaba acerca del malestar que le producía encontrarse con personas que incumplieran a sus compromisos o promesas, le fastidiaba cuando establecía un  acuerdo con alguien y luego esta persona le faltara al mismo. Un asunto que le provocaba mucha rabia; razón por la cual, terminaba enfadándose con dichos sujetos, en algunas oportunidades sumergiéndose en agresiones verbales mutuas. Dicha situación era algo recurrente en su vida. Por la misma época en que el mencionado individuo me consultaba, se encontraba enfrascado en una idéntica circunstancia, acababa de hacer un contrato verbal con un sujeto que había quedado de llamarle en dos días para firmar el acuerdo y habían transcurrido 10 días sin que le llamara. Se encontraba en la disyuntiva de reclamarle y entrar en un posible desencuentro con él o alejarse y dejar el asunto así; la primera implicaba repetir el pasado y la segunda evadirlo. En definitiva, cualquiera fuera su decisión, se sentiría igual de furioso e impotente, de ahí que acudiera por orientación o ayuda.

La situación expuesta es un conflicto ocasionado por la negación o evasión de algún aspecto emocional que la persona no quiere reconocer.  Estamos hablando de circunstancias dolorosas que el individuo no desea recordar o simplemente de debilidades propias que por algún motivo (desaprobación, culpa, etc.) niega. La repercusión en la vida de estas personas, se evidencia por lo general, en las relaciones con las demás personas, es un efecto inconsciente; atraemos a nuestra vida, aquello que consciente o inconscientemente tenemos fijado en nuestra mente.

Para explicar mejor este tipo de situación, retomemos a nuestro consultante, veamos:

Le hice algunas preguntas para establecer cuál de los aspectos mencionados era el origen de su problema, como por ejemplo: ¿A quién le incumples tú? o ¿Quién te incumplió sus promesas? ¿Qué persona te afectó con esta actitud? Estas preguntas aportaron la respuesta a su situación. Resulta que nuestro consultante cuando estaba pequeño, sufría con la ausencia de su hermano mayor, él constantemente estaba esperándolo, éste era como su padre, pues la diferencia de edad que existía entre ellos y la paternidad que su hermano ejercía sobre él, así lo establecían; lamentablemente  para nuestro consultante, era un joven que andaba de allí para acá y se desaparecía sin más, pero cuando regresaba daba a su hermano pequeño (nuestro consultante)  amor y atención, pero antes de marcharse le hacía promesas de un pronto regreso o de hacer actividades juntos, de ahí que nuestro consultante se plantara repetidamente en la ventana de su casa a esperar con ansiedad su regreso y cada vez que sentía la puerta de entrada, su corazón latía velozmente al igual que sus piernas, salía corriendo a abrazar a su hermano, llevándose por lo general una decepción. Su vida transcurría entre la espera y el retorno de su hermano, pero frecuentemente era más larga la primera. Todo esto hasta que la muerte no solo arrastró a su hermano sino con él, las promesas rotas; dejando enterradas en las entrañas de nuestro consultante, las lágrimas contenidas junto con la impotencia de esperar aquello que ahora, jamás se llegaría a cumplir.

El dolor no sufrido, la rabia y la impotencia de nuestro consultante, era el motivo que lo llevaba a proyectar en los demás aquellas lagrimas enterradas, que se transformaban en rabia hacia los que incumplían las promesas, en el fondo él veía a su hermano (al cual ya no podía manifestarle su enojo) en ellos; por lo mismo atraía personas que lo representaran, de esta forma podía “vaciar” su dolor; además, su mente estaba fija en esta situación, lo había asociado de esta forma. Nuestro consultante, también faltaba a sus promesas, una forma inconsciente de vengarse o simplemente lo que había aprendido de aquel que había significado su "padre".


viernes, 24 de enero de 2014

EXISTE LA COMPULSIÓN AL DINERO?

A raíz de un artículo que se publicó recientemente, en varios medios de comunicación escrita, en el cual decía: “85 individuos acumulan tanta riqueza como los 3.570 millones de personas que forman la mitad más pobre de la población mundial”; me he propuesto analizar un poco el ego de aquellas personas que a través de la manipulación de los demás, acumulan riqueza de forma obsesiva. Ellos aplican la conocida frase: “el fin justifica los medios”, algunos de dichos individuos aprenden a esquivar la justicia con estratagemas, otros mantienen al límite de la ley; no obstante suelen sobrepasar las fronteras de lo ético.

Observando y analizando la situación, he podido establecer que las personas que de forma desmedida buscan acumular dinero, presentan presumiblemente una obsesión por el mismo y al igual que cualquier enfermedad de este tipo, son personas que pierden el control de su vida, incapaces de alejarse del asunto compulso, su pensamiento y acciones están gobernadas por ello, de tal modo que aquello se constituye en el principal objetivo de su vida.  Son individuos sin competencia para discernir, impartir justicia, ser objetivos y mucho menos para ser bondadosos; ven en cualquier asunto “un negocio” y la forma de ganar dinero para sí mismos.  Tristemente podemos contemplar lo anterior, en organizaciones que fueron creadas para ayudar a la gente como las llamadas “ONG o Fundaciones”, de las cuales, individuos como de los que estamos hablando, las han convertido en el lugar para evadir impuestos, hacer negocios y obtener beneficios propios.

Para reflexionar sobre lo anterior yo te pregunto, ¿conoces de este tipo de individuos? seguramente tu respuesta será afirmativa, pues a diario las vemos o escuchamos en las noticias, algunos nos gobiernan, son los directivos de bancos o entidades financieras, dirigen empresas o son los dueños. Es indudable que todo lo anterior nos conduce a responder la siguiente pregunta ¿Por qué no los vemos cómo enfermos? respuesta que deriva en otra ¿por qué permitimos que esta persona desarrolle su adicción con nosotros?.  Pues bien, la respuesta conlleva a la profundización sobre nosotros mismos y para lograrla tomemos algunos de los fundamentos de Alcohólicos Anónimos, en ellos se dice que si tu convives con un alcohólico, tu eres un co-dependiente, ósea que necesitas vivir con este individuo para continuar desarrollando la forma de vivir que conoce, dando lugar a la reflexión más importante ¿Será posible que estemos tan enfermos como ellos y los necesitamos para que nos exploten y manipulen, ya que es la vida que conocemos y en la cual nos sentimos cómodos?


¿Tú qué crees?

jueves, 16 de enero de 2014

El DOLOR ES SANADOR


Cuando tenemos algún dolor corporal, buscamos remediarlo mediante primeros auxilios o recurriendo al médico u hospital, si es el caso; sin embargo, cuando tenemos un dolor emocional frecuentemente pretendemos esconderlo, taparlo o disfrazarlo y en ocasiones lo enterramos profundamente; generando un cáncer no solo emocional sino físico, pues la insana emoción crece de adentro hacia afuera hasta llegar a exteriorizarse, en ocasiones se detecta cuando es demasiado  tarde.

Un dolor emocional no reconocido se duplica y algunas veces se multiplica, causando graves y diversas consecuencias, dentro de las mismas podemos encontrar: la ira, las adicciones y el caos (una vida llena de enfermedad física y catástrofes) entre otras; son la manera de esconder las susodichas heridas.

Sanar un dolor emocional requiere de ciertas dosis de: reconocimiento, aceptación y perdón; ingredientes que conducen a adquirir un estado de consciencia tal, que permita mantener una actitud de observación, sobre sí mismo y sus circunstancias.

Para aliviar un dolor emocional se puede proceder de forma análoga a una herida física. Primero, se acude a los primeros auxilios, lo cual será suficiente si la herida no es profunda, de lo contrario es necesario acudir al médico (o sea al psicólogo o psiquiatra). Dentro de los primeros auxilios, aplicamos por lo general algún antiséptico y limpiamos la herida. En el campo emocional el antiséptico es el reconocimiento, en otras palabras  la asimilación de cada emoción, identificándola con un nombre (sentimiento), como por ejemplo: humillación, rechazo, impotencia, etc. Cuando la herida física empieza a sanar, picará alrededor de la misma, no obstante, si se roza con algo, todavía dolerá;  de forma similar acontece con la herida emocional, mientras la estamos sanando, dolerá cuando algo o alguien nos recuerde con alguna palabra, gesto u hecho, que ahí continua, pero la actitud de observación permitirá la aceptación del suceso y continuar el proceso.  La herida física estará sana cuando cicatrice; en el aspecto emocional para que cicatrice, es necesario perdonar a aquellas personas responsables o culpables de la misma (incluidos nosotros mismos). La cicatriz quedará para que recordemos no tropezar de nuevo con la misma piedra. 

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