jueves, 4 de diciembre de 2014

Los sometidos de los años 60s y 70s


Los nacidos en esta década hemos experimentado los rigores de una formación, cuyo lema era: “la letra con sangre entra”, somos residuos de la “mano dura”. En las escuelas y en los hogares era imposible protestar, había que bajar la cabeza y someterse completamente a la autoridad, fuera que se llamase padres, profesores, clérigos, etc. Una época donde se gobernaba bajo la imposición, la intimidación y el miedo. Los rebeldes eran tratados como delincuentes, diablos u ovejas negras; de tal forma que el sometimiento era cuestión de supervivencia.

En los años siguientes empezaron a surgir las nuevas teorías y el sistema de formación y educación fue cambiando, pero para los nacidos en esta década ya era demasiado tarde; los recuerdos de “la mano dura” ya estaban tatuados en nuestras piernas y posaderas, también en nuestra mente y en el corazón.

Los nacidos antes de los 60s no tuvieron la oportunidad de cotejar su formación (así era y punto) y para los que vinieron después de los 70s, ya existía (por lo menos en la teoría) una forma de hacerlo; por lo tanto, estos últimos empezaron a tener apoyo legal, gubernamental, religioso etc.; mientras que los nacidos en la década que aludimos no tuvimos esta oportunidad.

Lo expuesto ha traído diversas consecuencias emocionales, reflexionemos un poco sobre algunas que hemos podido identificar:

v       Continuar sometido: consiste en que la persona sigue desarrollando la misma conducta de su infancia en la edad adulta, pero ahora con su espos@, hij@s, jefes, la religión, etc., son seres incapaces de levantar la cabeza y expresarse.
v   Cómplice del sistema: es aquella persona que se alía con el sistema, pero se pasa al papel de dominador, a lo mejor con ánimo de venganza.
v       Los rebeldes: algunos niegan o se negaron a colaborar con el sistema, se abstraen de cualquier asunto que implique seguir en éste, se marginaron de tener su propia familia, emprendieron una huida (física o emocional) que puede aún perdurar.

Algunos hemos podido recomponer; primero, nos hicimos conscientes del dolor y nos dispusimos a sanar; segundo, vimos el error que estábamos cometiendo en la formación de nuestros hijos, ya que estábamos actuando con lastima hacia ellos, al vernos reflejados en su niñez o juventud, vaciando en ellos nuestro dolor e impidiendo el desarrollo de su propia vida, la cual era por supuesto, diferente a la nuestra; tercero, aceptamos la realidad de lo que fue y de lo que ahora es. 

Todavía estamos a tiempo para sanar esas heridas que aunque han cicatrizado por fuera, por dentro pueden estar todavía sangrando, el camino puede ser largo, quién sabe, pero lo importante es empezar. Reconocer las consecuencias es un buen comienzo para sanar y quizás, si es tu caso,  para tratar de reconciliarte con la vida.

Pueden existir otras consecuencias, te ánimo para que nos cuentes y compartas lo que has hecho para superarlas.

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