viernes, 10 de noviembre de 2017

Tendemos a repetir la relación sentimental que tenían nuestros padres

Las familias disfuncionales se dan cuando existe inversión de los roles tanto en el aspecto físico como emocional. Los padres han de desempeñar la función de ser los guías, protectores y benefactores de sus hijos hasta que son adultos; sin embargo, en un hogar disfuncional, alguno de ellos o ambos, por omisión (negligencia, incapacidad o ausencia) o por exceso (sobreprotección, control o manipulación) dejan de cumplir sus funciones.
Es cuando otra persona de la familia asume de forma inconsciente un rol que no le corresponde, en el afán de asegurar la supervivencia física o emocional de los miembros. Esta persona generalmente es el otro componente de la pareja o un hijo, en especial el primogénito, aunque también puede ser un familiar o amigo muy cercano, lógicamente que posea el carácter para suplantar al evasor. Esta inversión de funciones forja degradaciones[i] y desviaciones[ii].
Lo anterior tiene una explicación desde el punto de vista de la teoría Junguiana, a través del arquetipo “ánima y animus”. Según se expresa, “el animus” es la figura del padre, trasferida por la mujer al hombre, ella busca que él supla con la representación que tiene del padre, tanto en la parte interna como externa, lo mismo ocurre con el hombre, proyecta en la mujer, la figura física y emocional que tiene de su madre, “el ánima”. Ambos identifican su relación con la que tenían con su padre o madre. Carl y Emma Jung lo explican así:
“El hombre busca el ánima (energía femenina de la madre) en las demás mujeres y la mujer busca el animus (energía masculina del padre) en los demás hombres, como proyección de su lado femenino y masculino respectivamente, lo que corresponde con el modelo adquirido de sus padres. Cuando se liberase de estos arquetipos significaría la madurez”. Carl Jung
“(...) se espera que el hombre al cual se ha transferido la imagen del animus ejerza todas las funciones que han permanecido subdesarrolladas en esa mujer, ya sea la función del pensamiento, o la capacidad de actuar, o la responsabilidad hacia el mundo externo. A su vez, la mujer sobre la cual un hombre ha proyectado su anima debe sentir por él, o establecer relaciones para él, y esta relación simbiótica es, en mi opinión, la causa real de la dependencia compulsiva que existe en estos casos” (Emma Jung, 1957: 10).

Tanto el hombre como la mujer buscan un cónyuge correspondiente con el modelo inconsciente adquirido. Lo común es que el hombre busque la figura de la madre (ánima) en las demás mujeres y la mujer la figura del padre (ánimus) en los demás hombres. Ambos continúan desarrollando así su rol aprendido. El adecuado desarrollo personal y marital dependerá del modelo de “animus y ánima” que hayan recibido, si el modelo viene influido por factores perniciosos, entonces de este hogar emergerán seres con degradaciones. Por lo tanto, se puede concluir que: tendemos a emular la relación sentimental que tenían nuestros padres, con modificaciones, de acuerdo al rol desempeñado en la infancia con el opuesto sexual y el grado de toxicidad presente en el proceso natural. En otras palabras, se repite el papel desempeñado en la infancia, con su antagónico sexual cuando se es adulto. Lo dicho puede suceder con la misma persona, en el caso de PETER PAN y ANTÍGONA o con una nueva.
Los tipos de unión hombre-mujer de nuestros ancestros carecían de equilibrio entre el masculino-femenino (Integridad). Esta herencia emocional es un factor contaminante en los procesos naturales de nuestra generación, en especial porque era común que en gran cantidad de los hogares existieran hijos paternalizados, en especial el primogénito. Un hijo que suplanta emocionalmente las funciones de su padre con su madre. Este es un ejemplo de las diversas formas de inversión de roles que se presentan en una familia disfuncional.
Las familias disfunciones fomentan la adquisición de alguna degradación; la inversión de roles entre padres e hijos son un tóxico para la fluidez del proceso natural, debido a que el orden emocional en una familia, contribuye grandemente a la transferencia de la Integridad en la edad adulta del hijo. Cuando los hijos suplen en algún grado el papel de los padres, la transferencia se obstruye ya que este hijo ya tiene un compromiso emocional que le impide desprenderse de sus padres y hermanos y continuar con el proceso natural.  La disfuncionalidad puede formar seres inútiles, resentidos, llenos de rabia y dolor como consecuencia de la sobreprotección, negligencia o ausencia de uno o los dos padres, además estas familias también promueven la generación de traumas en los hijos.


Apartes tomados del libro:




Escritora y Certificada en BNE





[i] Las degradaciones se presentan cuando un individuo se queda atrapado en una determinada etapa de su desarrollo, como consecuencia de altos grados de inoculación en su proceso natural (desde su misma infancia) para conseguir pareja o compañero sentimental estable, lo cual lo conduce a adquirir en la edad adulta un comportamiento caracterizado conforme a la etapa donde se quedó anclado.
[ii] Las   degradaciones   son   un   paliativo   para   emociones   como   dolor, miedo e    inseguridad, que son las que le impiden soltar las riendas de sus vestiduras y desnudarse ante sí mismo, para ver la realidad de su vida.

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