jueves, 20 de febrero de 2014

Apego o dependencia

Es común confundir el significado emocional de estas dos palabras, para ayudar a clarificarlas observemos como se aplican dentro de la vida de un ser humano: El apego es una emoción que inclina a una persona a mantenerse en constante vínculo con una situación, objeto, sujeto u ente; busca en aquello: seguridad, satisfacción, tranquilidad, relajación, etc., en fin, pretende calmar con esto una sensación de vacío que ostenta.  Cuando la persona pierde el contacto con dicho elemento (en casos extremos), se puede sentir frustrada y desesperada; posibilitando el desencadenamiento de una obsesión, algún bloqueo emocional e incluso la muerte. Ahora, la dependencia, es una necesidad natural e instintiva que permite a un ser humano sobrevivir, sentir seguridad, lograr metas y sueños; es una respuesta a una necesidad mayor, LA UNIDAD. Hacemos parte de un ecosistema y somos a la vez otro ecosistema, en otras palabras, todos los seres estamos conectados y necesitamos unos de otros para vivir en este universo. Desde que nacemos requerimos de otros para sobrevivir física y emocionalmente (los padres) y de adultos seguimos necesitando de otros para sobrevivir física (jefe, empresa, cliente, colegas, empleados, sociedad, estado, etc.), emocional (pareja, hijos, familia, amigos, conocidos, vecinos, etc.,) y espiritualmente (iglesia, comunidad, Dios, Divinidad, el sol, etc.). Lo anterior significa que solos difícilmente podríamos desenvolvernos en este mundo.

De acuerdo a lo observado, podemos sintetizar que: la dependencia es un instinto natural y una necesidad implícita en cualquier ser humano; por lo tanto hace parte de la vida y requerimos aceptarla como tal, para desarrollar nuestra vida; mientras que el apego, se origina en los vacíos emocionales que presenta una persona y dependiendo de la avidez de los mismos, puede convertirse en una enfermedad (física o mental) perjudicial para su existencia.

Identificar la diferencia entre estos términos es relevante para encontrar la mesura y evitar caer en extremismos, al mismo tiempo para ver la realidad de lo que somos y conseguir elevar nuestro grado consciencia.

miércoles, 12 de febrero de 2014

EL ABANDONO, UN HÁBITO EMOCIONAL PERNICIOSO


El abandono es un temor que impide a una persona establecer relaciones de confianza, respeto, adecuada comunicación y amor; el individuo con este temor adquiere diversos comportamientos que posiblemente, consigan por un lado, alejar a aquellas personas que le pueden amar y por el otro, atraer a aquellas que no le van a amar, valorar y respetar. Por lo general dichas personas se quedan atrapadas en el victimismo o en la indiferencia, la primera es una actitud que se caracteriza por el sufrimiento y la segunda por la evasión; ambos esconden el miedo al abandono.

La persona que presenta la actitud de víctima, en vista de que atrae como pareja a quien le va hacer sufrir, se encuentra con sujetos incapaces de amar, promiscuos o simplemente que divergen para hacer pareja; por lo tanto, frecuentemente parten, dejando el nido vacío. Situación que suele agravarse cuando la víctima se obsesiona con el abandónico y le hostiga, persigue o acosa, busca de manera enfermiza que regrese. En cambio la otra actitud, la de indiferencia, pone una barrera casi infranqueable, es difícil intimar con esta persona y conocerle, es el típico que huye cuando se enamora para evitar que lo abandonen.

Para observar este temor, tomemos el caso de María: ella es una atractiva mujer que lucha por establecer una relación sentimental estable, ha tenido dos relaciones “estables”, la primera fue con el padre de su única hija, un hombre que jamás la respetó, constantemente conseguía amantes y las paseaba enfrente de María de forma descarada; sin embargo ella continuamente lo perdonaba, hasta que él dio por terminada la relación cuando estableció otra unión y decidió abandonar a María definitivamente. Ella sufrió muchos años y tratando de olvidar, estuvo dando tumbos en diferentes brazos para amainar su pena, hasta que hace unos cuantos años apareció un hombre. María al parecer había encontrado un nuevo amor y una relación estable, sin embargo, pasado un año, él empezó a comportarse de forma extraña y alegando una depresión, abandonó a María; no obstante, ella insistió y lo buscó, justificando su persecución debido a su situación económica, hasta que logró meterse de nuevo en su cama y en su vida, con múltiples manipulaciones, pero al poco tiempo de esto, de nuevo él empezó con actitudes extrañas y un día le pidió a María que se marchara porque había encontrado un nuevo amor. Ella partió con el corazón compungido y el alma destrozada, además María lo observó varias veces con su nueva pareja paseándose tranquilamente enfrente de ella. Empero, la historia no termina aquí, María ha regresado otra vez con él; ella se ha envuelto en un círculo vicioso de amor y abandono.


El caso de María es el típico de una persona que presenta un hábito emocional pernicioso de abandono con victimismo, ella aprendió desde muy niña dicho habito; sus padres la abandonaron emocionalmente cuando estaba pequeña, a causa del alcoholismo del padre y la muerte de su  hermana mayor; ellos dejaron de atenderla, darle afecto, ponerle límites y lógicamente, amor, en especial el padre. María se acostumbró a estar en carencia y a sufrir por el abandono, ella se obsesionó con conseguir que esencialmente su padre, la atendiera y amara, pero como no lo logró, siguió buscándolo en cada hombre que amaba; sin embargo atraía hombres con los cuales no tenía posibilidad de que la amaran, ella los conquistaba puesto que se presentaba con la personalidad que a ellos les atraía, pero al poco tiempo, estos se daban cuenta de que María no era lo que querían; entonces en este momento, la dejaban. María inconscientemente buscaba hombres que “sabía” tarde o temprano la abandonarían, como su padre; sin embargo, su obsesión por conseguir que la amaran, la llevaba a manipularlos y asediarlos, convirtiendo su vida en un rodar de sufrimiento, tal como estaba acostumbrada.

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