domingo, 19 de mayo de 2013

COMO CONSTRUIR UNA VIDA SOLITARIA

La soledad es uno de los padecimientos del siglo 21, en la actualidad existen más de 150 millones de personas, denominadas como “singles” únicamente en territorio europeo, de las cuales entre el 30% y el 40% viven en hogares de un solo componente, casi la mitad de ellas son mayores de 65 años, según la interpretación hecha sobre los datos de la Eurostat. Razón que pone en evidencia una cruda realidad: cantidades de ancianos fallecen de forma inadvertida, hasta que algún vecino, delata su estado, advertido por el llamado del olor. Esta situación tiende a incrementarse, no únicamente en Europa, sino también en Estados Unidos y algunos países asiáticos, lugares en donde el porcentaje de personas solas llega a cifras entre el 20% y el 40% de la población. Dentro del grupo de singles se encuentran las personas solteras, divorciadas, separadas y viudas, unas comparten el hogar con familiares o amigos y los otros viven en hogares unipersonales, siendo estos últimos el tema de este escrito, concretamente refiriéndonos a aquellos que desean cambiar su estado y quieren llegar a ancianos acompañados por seres queridos.
Una vida solitaria involuntaria trae consigo muchas consecuencias, dentro de las cuales  encontramos la manifestación de algunas enfermedades psíquicas como la depresión y la ansiedad, las que derivan en somatización, generando diversos males físicos y en ocasiones induciendo al suicidio. El mejor tratamiento para salir de este estado, suele ser el amor y la compañía. Según algunos estudios realizados, el 70% de singles creen que su felicidad radica en encontrar una pareja, aunque algunos se conformarían únicamente con una compañía. Sin embargo encontrar esta medicación llega a ser una verdadera odisea para muchos singles. Luego, cuando dicho estado perdura por mucho tiempo, la persona va perdiendo motivación para la conquista, aumenta su inseguridad y disminuye el auto estima, lo cual menoscaba su aptitud para atraer, la habilidad para compartir y convivir con otras persona.

Pueden ser muchas las explicaciones para que esta realidad se presente pues si nos remitimos a épocas anteriores, este no era un fenómeno acusado debido a que la gente admitía - en especial la mujer- que su destino pasaba por casarse y tener hijos. Yendo un poco más atrás en la historia, vemos que el amor no se consideraba un ingrediente indispensable para desarrollarse maritalmente y de ahí que se realizaran los matrimonios pactados (todavía existen en algunas culturas). También se solía “sociabilizar cara a cara -era la única forma de hacerlo- facilitando la elección de las posible parejas.

Empero, actualmente vivimos una vida muy agitada, en la cual el mercado laboral abarca la mayor parte del tiempo de las personas, presumiblemente ocasionada por la gran ambición de unos, por la necesidad creada de consumir de los otros y la obligación de sobrevivir de los restantes; esto genera poco tiempo para sociabilizar y construir relaciones. Sumado a todo esto está la llegada y evolución de la tecnología, la cual ha desplazado a gran cantidad de trabajadores; por un lado surge la producción automatizada que economiza mano de obra y por el otro la sistematización que permite a las personas trabajar virtualmente –no tienen que permanecer físicamente dentro de las instalaciones de la empresa- de esta forma se disminuye “la muestra” para encontrar una posible pareja, directa o indirectamente en el campo laboral. Pues habida cuenta de la gran cantidad de tiempo que se pasaba laborando en comparación con el poco tiempo disponible para hacer vida social, el área de trabajo representaba una oportunidad grande para elegir potenciales relaciones sentimentales.

Otra posible explicación la encontramos como consecuencia del surgimiento del internet que ha dado origen al estallido de las redes sociales, propiciando las relaciones “virtuales” con las cuales la mayoría de personas de mediana edad y mayores no están familiarizados ya que son personas que nacieron y aprendieron a sociabilizar mediante el contacto personal.

En conclusión, la vida actual ha cambiado la forma de interactuar de unos con otros y por supuesto la manera de conquistar y atraer potenciales parejas, amigos e incluso el mantenimiento de las relaciones familiares. Estas circunstancias afectan con mayor intensidad a aquellos que aprendieron a relacionarse mediante el contacto cara a cara.

A pesar de todo lo anterior, el verdadero obstáculo que ostentan estos singles se encuentra en su  mundo inconsciente y la manifestación exterior del mismo frente a la relación con los demás. Recordemos que la naturaleza nos dota por lo general de todas las facultades necesarias para vivir y según este orden natural, la edad propensa para emanciparnos se estima entre los 17 y los 23 años (teoría que se promueve en los países anglosajones), esta es la edad de salir, conocer y desarrollar los talentos para atraer posibles parejas. Posteriormente viene la etapa para formar una familia entre los 23 y los 30 años, etapa en la que la naturaleza nos otorga la valentía, la madurez, la autonomía y la sabiduría para elegir pareja y construir nuestra propia familia. Pese a esto, dichos singles desobedecen la naturaleza por diversos conflictos y vicisitudes, marginándose de realizase sentimentalmente en el momento oportuno.

Dicha desobediencia inconsciente genera un depósito de dificultades debido a que, por un lado al dejar pasar dicha etapa, se endurecen las ataduras, los miedos y resentimientos que le han impedido dar el salto a la independencia y por el otro, se adicionan inconvenientes como los que hemos expuesto en el apartado anterior, puesto que con el paso del tiempo se adquieren más responsabilidades laborales y se dispone de menos tiempo para relacionarse.

Existen personas que permanecen durante mucho tiempo como “singles” después de un divorcio de enviudar, y esto se debe, por lo general, a que se auto-consumen en la condena de la segregación ya sea por la desgracia vivida o por apegos a su anterior relación o por ser ajenos a conectar consigo mismos, lo cual los induce a evadir aprender de los errores y por consiguiente se abstienen de generar nuevas oportunidades en su vida. Cuando estas personas logran peregrinar en su interior adquieren un estado de mayor consciencia y consiguen reestablecer su vida marital. Por el contrario, cuando dejan pasar las oportunidades de reconstruir una vida en pareja –ya sea enmascarados en el victimismo o en la rabia con dios, con la vida o con los demás- terminan, por lo general, de forma “impar” y sola, incluso lejos de los amigos y seres queridos.

No obstante ante la incapacidad de encontrar pareja, es posible estar rodeado de seres queridos y ostentar una vida malograda sentimentalmente pero compensada por los afectos de su entorno, adquiriendo la “compañía” que demandan muchos de ellos cuando son mayores. Sin embargo existen aquellos que además de incapacitarse para una vida sentimental también se encargan de alejar a las personas cercanas hasta quedarse completamente solos y desamparados en la etapa longeva. Dentro de las actitudes que generan la mencionada situación hemos encontrado algunas que pueden servir para que reflexionemos, veamos:

 1. Evitar hacerse responsable de todo lo que le sucede, descargando en los demás sus errores y cualquier situación incómoda, difícil, dolorosa o trágica. Apartado de evaluar su grado de participación dentro de ella. Asumiendo la actitud de queja constante, sea, de la situación económica, el estado o la sociedad, también de su ámbito más íntimo como sus hijos, su conyugue, su familia. Siendo esta actitud una de las formas de exculpar sus faltas y grado de participación en ellas, especialmente cuando se fracasa.

2. Negarse a vivir, encerrándose en sus miedos e inseguridades. Manteniendo pensamientos de poco valor por sí misma, creyendo que nada le sale bien y fracasando primero en su mente, antes de emprender cualquier acción.

 3. Transmitir la idea de perfección, mediante la ridiculización, la crítica y la condena con persistencia, de las acciones de los otros y hablando de sí mismo constantemente, sin modestia, auto-alabando sus acciones, pensamientos y palabras. Incapaz de reconocer los valores, las acciones y las palabras de los otros.

 4. Denotar una gran dificultad para ponerse en los zapatos del otro, ajenos a los sentimientos y necesidades de los demás, concentrados únicamente en las propias.

 5. Mantener una actitud negativa, pensando siempre en la catástrofe, la muerte y el conflicto, atrayendo las desgracias, el caos o la enfermedad, a su vida.

 6. Adquirir comportamientos agresivos con el entorno, denotando conductas poco sociables e irrespetuosas con los demás y la naturaleza, tales como, conducir como sí los demás fueran enemigos de guerra, devaluar los sentimientos de los otros, estar siempre a la defensiva, tirar la basura en cualquier lugar, fumar frente a los demás, desperdiciar el agua, la energía, el gas sin ninguna consideración social y ambiental.

 7. Disfrutar de temas donde se averigua la vida íntima de los demás, tanto en los medios de comunicación como en su ámbito social, creando la intriga y regodeándose con la creación del  conflicto entre la gente e incluso en ella misma.

 8. Utilizar a la gente, abordándoles cuando se le presenta alguna dificultad para que le solucionen sus problemas o para satisfacer algún capricho. Manipulando con la lastima, la aparente cordialidad o la intimidación. O lo contrario, no contar jamás con los demás, pues cree ser perfecto y todo poderoso.

 9. Disfrutar de las conversaciones trágicas que traen sufrimiento para sí misma o los demás por ejemplo, regodeándose hablando de tragedias naturales, enfermedad, muerte, etc.

 10. Controlar a  la  familia o seres queridos (conyugue, hijos, padres, hermanos, amigos)  manipulándolos  con violencia, victimismo o indiferencia.  Apuntando a la violencia psíquica y física cuando no le permiten hacer su voluntad, en el caso de manipular con la intimidación. Si se hace la víctima, lo hará con el llanto, la enfermedad y generando lástima y si manipula con indiferencia lo hará ocupándose al máximo o ausentándose con frecuencia del hogar.

 11. Plantear conflictos constantes con los demás por tener la razón, en las conversaciones tratando de imponer su punto de vista y llevando las discusiones hasta terminar con la misma. Enfadándose cuando no la tiene, llegando al insulto y/o agresión.

 12. Vivir en función de los demás, siempre sacrificado por sus padres, hijos, conyugue o hermanos. Reaccionando tarde, cuando ha perdido la oportunidad de vivir su propia vida.

 13. Creer saberlo todo y corregir constantemente a tus familiares y amigos lo que hacen, dicen o piensan. Sus conversaciones rozan en el absolutismo, sin aceptar que se equivoca y evitando disculparse o corregir sus conceptos.

En estas actitudes se concentran algunos de los errores que nos pueden llevar a construir una vida solitaria, sin pareja, sin familia, sin amigos, embebidos en la amargura; situación real a la que llega un gran porcentaje de personas como lo mencionamos en el comienzo de este artículo.




jueves, 9 de mayo de 2013

EL FENÓMENO DEL “NIÑO-ADULTO”

El primogénito ha sido y continua siendo motivo de orgullo para cantidades de padres, este hijo representa el comienzo tanto de una nueva etapa en la vida de la pareja como de una familia.  En épocas pasadas -en especial el padre-  deseaba que el mayor naciera hombre para que continuara su linaje, la herencia y tal vez por ego, deseaba ver la  proyección suya en el hijo, representando sus ideales y sueños en la figura del hijo.  Algunos de estos deseos todavía se hacen eco en los momentos actuales, dependiendo del tipo de hogar que circunscriba a dicho descendiente.
 
Al hijo mayor se le atribuyen características afines a su posición, tales como: Su capacidad de liderazgo, los afectos paternales, los arraigos a las costumbres familiares y  el proteccionismo, este último en especial adjudicado a su papel de cuidador, cuando existen otros hermanos.  El hijo mayor suele ser el experimento donde los padres inauguran su progenitura,  pues toda la información solo se convertirá en conocimiento con la práctica (como sucede con cualquier actividad nueva). No ajenos a ello, los nuevos padres aplicaran la técnica de ensayo y error hasta ajustar –si es que lo consiguen en algún momento- tanto sus sentimientos como el temperamento del hijo y los conflictos personales que se evidencian en su nuevo rol de tatas.
Sin lugar a dudas la mayor dificultad se presenta en la manifestación de los conflictos personales que posee cada miembro de la pareja, para ser padres; siendo hasta este momento, unos inquilinos ocultos en el inconsciente, que surgen de improviso y en muchas ocasiones negados, pues los conflictos son eso, por su difícil admisión y reconocimiento.  Debido a todo esto, el hijo mayor suscita en el mundo de la pareja gran cantidad de cambios en su vida y según el grado de consciencia de los noveles progenitores, unas secuelas para el primogénito.
Dentro de las posibles secuelas encontramos algunas de poca trascendencia como por ejemplo, aquella apreciable en la cabeza plana en la parte posterior de algunas personas, motivo de burla de reuniones familiares, adjudicado a la falta de experiencia de los padres para rotar la cabeza del neonato mientras duerme, hasta faltas graves como aquella sobre la cual hablaremos a continuación y que tiene que ver con el rol que algunos hijos mayores desempeñan al ocupar una función emocional que no les corresponde. Es el caso concretamente de un niño que se transforma emocionalmente en “viejo” como consecuencia del papel que realizan los primogénitos varones en ciertos hogares, en donde existe negligencia por parte del padre y sobreprotección por parte de la madre.
Este fenómeno se presenta, por un lado, debido a la ausencia permanente o constante del padre. A través de dicha ausencia (que puede ser física y/o emocional), el hombre se margina de sus funciones masculinas como proveedor afectivo, en considerables casos llegando a abandonar su función de proveedor de las necesidades materiales básicas para el hogar. Y por el otro lado tenemos la actitud sobre-protectora de la madre; inducida por su incapacidad e inseguridad para transmitir sus afectos maternales y de acompañarlos con la debida formación en valores e independencia. Dicho fenómeno genera que el hijo en mención se convierta en el  “proveedor de necesidades emocionales de la madre y hermanos", un niño-viejo.
Esta conducta se fundamenta en una gran necesidad masculina por parte de la madre, mediante la cual ella, ignorante, forma a ese hijo para suplir sus demandas emocionales enmascaradas en afectividad materna. Ella se encuentra confundida, pues ignora que en realidad es el abandono masculino que demanda, lo que la induce a adquirir dicho comportamiento con este hijo. Esta mujer forma al primogénito varón, de manera que le supla sus carencias, las cuales –incluso en ciertos casos- llegan a ser de orden material; en cuya situación el hijo se verá forzado a  trabajar a edades tempranas para contribuir económicamente en el mantenimiento del hogar.  El padre se acomoda a la situación, luego su carácter y conducta indiferente se ven compensadas de algún modo y le benefician su falta de compromiso e incapacidad para superar sus conflictos. Lógicamente si el padre no existe, el fenómeno tomará más vuelo.
Las consecuencias para el hijo se evidenciaran profundamente, en la edad adulta. Sin lugar a dudas,  una de las más graves se encuentra en las dificultades para encontrar una esposa y formar una familia propia. La última estriba en que inconscientemente ya tiene una familia: su madre y hermanos, ya que ellos son los que ocupan dicho espacio emocional. La primera radica en que buscará por esposa a una mujer que sea la proyección de su madre, búsqueda esta que puede durar toda la vida, además de la negativa consciente o inconsciente de la madre de no querer desprenderse del que ha sido su proveedor emocional, su hijo al que ha moldeado para ella.
Una mujer puede identificar este tipo de fenómeno en los hombres que confluyen con su vida al observar ciertos comportamientos  como por ejemplo,  aquel que siendo mayor de 25 años, aún vive con la madre, la cual continua proporcionándole todos los servicios y tareas del hogar (inhibiéndole a él de realizarlas) tales como: cocinar, arreglar la ropa, ordenar la habitación, etc. Cuando este individuo se encuentra por fuera del radio de su madre, estará desesperado por llamarla  o simplemente ella lo llamará constantemente. Su progenitora estará muy presente en sus temas de conversación. Además, será un hombre difícil de “atrapar”, complicado para comprometerse y especialista en evadir las relaciones “serias”.
Generalmente, el encuentro amoroso de cualquier mujer con este tipo de hombre termina con sufrimiento ya que la mujer, asimismo de conquistar al hijo, necesita conquistar también a la madre y muchas veces luchar con ella para arrebatarle el hijo. Esta relación se convierte en un campo de batalla constante entre suegra y nuera, situación que suele también reconfortar al hombre en disputa, pues su ego necesita sentirse reconocido y esta es una forma ideal para lograrlo. Así que antes de empezar una relación con un hombre como estos, la mujer debe ser consciente de las vicisitudes con las cuales se enfrentara, luego son hombres que fácilmente arrastran a la desgracia.
Si una madre es capaz de tomar conciencia de que está formando a un “niño-viejo”, pues bien ¡felicidades! ya que es bastante difícil darse cuenta de ello. No obstante, en esta situación lo importante es empezar a liberarlo de las disfunciones tales como: cuidar de sus hermanos, conseguir dinero para sostener la familia (en lugar de exigírselo al padre), ser el refugio de las tristezas, el cómplice o confidente propio, entre otros. También  deberá prescindir de actitudes como  dormir en la misma cama -así sea de vez en cuando-  hacerse la victima ante él e incluso inculcarle rabia u odio, hacia quien le profesa ofensa.  Por el contrario, se le debe inculcar la autonomía, independencia y responsabilidades propias de su edad. Formarlo bajo el precepto de “que cada día, me necesite menos”, animarle a pensar en lo que quiere hacer ayudándolo a construir sus propios sueños, en lugar de proyectar los propios sobre los de él.
Es posible que este tipo de hombre sea la pareja de muchas mujeres, motivo por el cual hay que  partir de lo elemental, es decir, el reconocimiento e identificación de la situación. Luego, es conveniente que la compañera se inhiba de batallar con la suegra ya que esto ocasionara más turbación y menos lucidez en la relación.  Dentro de las actitudes sanas a implementar, sobresaldría el jamás ser su cómplice, aclarar sus compromisos y obligaciones y, más que hablar, se trata de actuar, ya que esto le permiten a él, observar las consecuencias de sus actos.
El peor error es repetir las acciones de su madre como el asumir sus responsabilidades físicas o emocionales o acceder a que otros lo hagan por él, no importa lo mínimas que sean. Esta actitud le servirá a él, para hacerse consciente de sus actos o por lo menos para que los seres cercanos no sufran tanto debido a su comportamiento.  Lógicamente no hay que dejar de reflexionar sobre el hecho de que cuando alguna mujer se encuentra con un niño-viejo, hecho hombre, están implícitas en ella unas características que se complementan con la actitud que él presenta. Cuando la mencionada correspondencia se transforma en conflicto recurrente, es indudable que estas familias, necesitaran algo más, quizás asistencia profesional. Todo dependerá del arraigo de dicha conducta y la forma de interactuar de los seres que cohabitan con un hombre de este tipo.

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