martes, 3 de abril de 2018

Cómo saber si estás dentro de una relación obsesiva

En algunas oportunidades hemos hablado de las relaciones obsesivas y para complementar el tema, vamos a indicar unas pautas que permiten identificar si una persona se encuentra viviendo este tipo de vínculo. Dichas pautas se plantean con suma claridad en el libro titulado: De sol@s que se casan y casad@s que hacen pareja. Un libro de autoría propia que se basa en estudios sobre el tema de la pareja. Veamos el apartado donde se establecen las mismas:


Las relaciones obsesivas tienen como consecuencia inestabilidad en los diferentes aspectos de la vida de una persona, provocando: dificultades laborales, económicas y sociales. Los individuos obsesos, por ejemplo, no asisten a sus trabajos por cuidar, vigilar o estar con la otra persona, también gastan desmesuradamente dinero para satisfacer los caprichos o deseos de la otra, se alejan de los amigos porque eso le desagrada a la otra persona o simplemente todo su tiempo transcurre en función de la relación obsesiva.

En los casos extremos el individuo activo llega al maltrato físico y/o psicológico, cree que el otro le pertenece. El maltratador suele ser dominante y evade su conducta mediante la justificación, mientras que el maltratado busca la lástima y la piedad; ambos mienten para defender su comportamiento. El estado anímico varía constantemente, pasan de la euforia a la depresión con mucha facilidad y frecuencia. 

El papel pasivo y activo en este tipo de relación se puede identificar con unas actitudes que enunciaremos a continuación y que, además, sirven para chequear si existe alguna relación obsesiva en nuestra vida:

 PAPEL ACTIVO

Hacer desistir constantemente a la otra persona de algo que a ti te disgusta, estás en desacuerdo o simplemente no quieres. Por ejemplo: hacerla desistir de ver algún amigo o amiga, que compre algo o vaya algún sitio e incluso que cambie el perfume o alguna prenda de vestir, con insistencia y frecuencia. Empleando cualquier manipulación e incluso la fuerza para hacerla desistir.

Querer que el otro cambie aspectos de su personalidad que te desagradan o son un inconveniente para ti. Recalcándolos, desvalorizando, reprochando e insultando.

Asediar continuamente al otro, vía email, chat, teléfono e invadiendo sus espacios laborales, sociales, íntimos, etc.

Priorizar e imponer constantemente las necesidades físicas y emocionales propias sobre las del otro.

Rodearse mayormente de personas inestables.

Miedo incesante a estar solo y al abandono.

Cambiar o buscar con frecuencia relaciones amorosas o personas que alimenten el ego, a pesar de estar comprometido (infidelidad física o emocional).

Buscar ser el centro de atención constantemente, para la otra persona.

Inestabilidad económica y laboral.

Sentir rabia y deseos de agredir al otro por su desobediencia.

Creerse de una raza superior, de mejor clase social o preparación intelectual y hacérselo saber al otro, para hacerlo sentir inferior.

Gritar, hablar fuerte e intimidatoriamente para conseguir atención del otro.

Desvalorizar o ridiculizar constantemente las acciones y pensamientos del otro.

Necesidad de reconocimiento y la búsqueda de tener la razón para sentirse importante.

Escasas relaciones sociales, pocas o nulas amistades profundas.

Querer saber y decidir sobre los asuntos del otro y de su familia (en caso de tenerla) y enojarse cuando no se lo permiten.

Ocultar información que pueda conducir a la otra persona a subordinarse o desobedecer.

Creerse dueño de la otra persona.


PAPEL PASIVO

Temor a decidir sobre temas normales o cotidianos, por ejemplo: qué ropa ponerse, qué hacer de comida, qué decir a alguien o simplemente desconocer dónde están tus cosas personales para tener que buscar a la otra persona.

Darle prioridad a las necesidades del otro sobre las propias.

Pensamientos negativos, catastróficos o de temor, reiterados.

Evadir o justificar conductas de infidelidad, desamor o maltrato físico o emocional hacia sí misma, quitándole la responsabilidad al maltratador, auto-inculpándose o culpando a otros por su actitud.

Temor a expresar sentimientos, pensamientos o sensaciones.

Sentir que lucha por mantener la relación, sacrificándose por ésta.

Aislamiento social, en especial de familiares o amigos cercanos.

Dependencia económica o laboral de la otra persona.

Sentir gran miedo del enojo de la otra persona.

Creer o sentirse culpable de lo que el otro piensa, hace o dice.

Angustia y depresión constante.

Sentirse impotente ante la ausencia de la otra persona.

Permitir las mentiras y creer las promesas del otro, a pesar de saber que miente.

Ser cómplice de la persona activa en sus actuaciones erróneas y equivocadas ante los demás, ser un defensor acérrimo de ella.

Contar a todo el mundo tu situación, apareciendo siempre como la víctima, queriendo despertar en los demás la lástima y atención.

O lo contrario, ocultar y justificar las conductas de maltrato emocional o físico de la otra persona hacia ella misma, los hijos u otras personas.


Las listas no corresponden a un test psicológico, pero sí una forma de evaluación personal que ayuda a confirmar el posible establecimiento de una relación obsesiva y la adquisición de un papel preponderante en la misma.

Es esencial antes de terminar con la relación obsesiva, hacer algunas consideraciones:

Se pueden presentar en relaciones diferentes al vínculo matrimonial, como entre padre-hijo, hermanos, amigos, jefe-empleado, etc.
La relación es posible que se establezca de forma unilateral, es decir que un individuo puede obsesionarse y la otra no.
Es común identificar el papel pasivo con la mujer y el activo con el hombre, lo cual es impreciso, pues existen y han existido mujeres en el papel activo y hombres en el pasivo; solo que, en los tiempos del machismo hacia la sociedad, se encubría, puesto que se suponía, el hombre tenía el dominio (papel activo).

Cualquier tipo de relación puede convertirse en una obsesión cuando existe frustración, grandes vacíos emocionales y falta de reconocimiento de las dos anteriores. La persona se queda anclada en esta conjunción, esperando, quizás toda la vida, para recibir lo que quiere de ese alguien, ignorando que del otro no puede obtenerlo; razón por la cual sigue obsesionad@.






Escritora y Especialista en BNE

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