viernes, 24 de febrero de 2017

La tolerancia, una virtud para aprender de las bacterias

Nuestro cuerpo funciona de manera sostenible gracias a la presencia de unas habitantes denominadas bacterias, estas permiten la estabilidad química y el ecosistema corporal. Existen cerca de cien billones y constituyen casi el diez por ciento (10%) de nuestro cuerpo seco. Dichas pobladoras se estructuran e identifican en grupos de acuerdo a sus funciones para mantener el desarrollo somático, aparte, contribuyen con la duplicación y expansión de las particularidades del ADN; así que son las responsables de las características y expansión humana, no solo por las funciones que cumplen dentro de nuestro cuerpo sino fuera del mismo, en la biosfera; ya que merced a las bacterias el oxígeno se mantiene en la cantidad adecuada para que cuando respiremos no nos convirtamos en un pedazo de carbón.


Podemos enumerar cantidades de beneficios que dichos microorganismos aportan a nuestra vida, no obstante, mi propósito no es dar una clase de biología, ni más faltaba, lo que pretendo es relacionar el papel de las bacterias en el equilibrio de nuestro cuerpo con el que cumplimos los seres humanos, respecto a otro cuerpo llamado: “Planeta Tierra”; tomado desde el punto de vista de la necesidad de asociación e identificación.

Las bacterias para cumplir su papel se organizan en grupos y adquieren una identidad que les permite desarrollar un conjunto de actividades que mantienen la sostenibilidad de nuestro organismo, lo cual representa que un desajuste de sus funciones podría desequilibrar el mismo y posiblemente causarnos una enfermedad.

Aplicando uno de los conceptos de Heráclito que dice: “como es arriba es abajo”, podemos significar que dentro de nuestro cuerpo existe un universo similar al que observamos fuera de él. Ahora, si tomamos todo lo dicho anteriormente podemos realizar una analogía comparando la estructuración e identificación de las bacterias, con la necesidad de asociación que presentamos los seres humanos. La unificación grupal nos permite realizar ciertas tareas que contribuyen al equilibrio en diversos aspectos de la vida colectiva e individual. La analogía nos permite comprender que la necesidad de aglutinarnos es una respuesta natural para contribuir al sostenimiento de nuestro ecosistema, de lo que quizás no seamos conscientes hasta este momento.

Cada grupo cumple una función dentro de este planeta; por consiguiente, cuando caemos en la censura, intolerancia, el juicio o la reprobación de los diferentes grupos, sean religiosos, espirituales, empresariales, sindicales o de cualquier índole, estamos ignorando la función natural que cumplen y demostrando la falta de aceptación de la actividad misma de la vida.  

Las asociaciones cumplen con un papel de mantenimiento o sostenimiento colectivo, unen personas con similares creencias o un fin común. Un ejemplo de lo dicho lo podemos observar en los grupos de trabajadores, ellos se juntan para reclamar sus derechos ante su patrono o empresa ¿se imaginan si el dueño no tuviera la oposición de dicha asociación?, posiblemente el dominio del susodicho patrono sería mayor. El mismo dueño se beneficia, asegurándose de no cometer grandes injusticias y los trabajadores una organización que los defienda. Otro ejemplo es el de los grupos religiosos; los cristianos se fortalecen como tal, debido a que existen hinduistas, budistas, etc., cada conglomerado cumple un papel. La fe en las creencias de los cristianos no tendría sentido si todos creyeran en Jesús, y viceversa; precisamente la oposición es la que ocasiona el robustecimiento de las mismas y la reafirmación de la fe en los súbditos que la componen. Si todos nos convirtiéramos en cristianos quizás no sería un conglomerado tan poderoso. Sin la resistencia o la oposición muchos grupos religiosos perderían la razón de ser o de existir.

La necesidad de aglutinarnos responde a la condición natural de aportar en el sostenimiento de la convivencia humana y la vida, no obstante, el ya mencionado equilibrio se rompe cuando el ego en su competencia habitual de tener la razón, queriendo imponerse y expandirse, sobrepasa los límites del respeto y tolerancia. Y tal como sucede con las bacterias podemos convertimos en patógenos, al momento que sobrepasamos el límite de la beligerancia y buscamos exterminar a todo aquel que se oponga a los propios pensamientos, creencias o acciones, viendo enemigos en los opositores y deseando su desaparición. Dicha actitud consecuentemente provoca la disputa, la violencia, la guerra y el rompimiento del orden natural. La naturaleza nos enseña a través de las bacterias que la sostenibilidad se produce cuando existe la justa medida, una identidad y a la vez una diferenciación con el debido respeto por las funciones individuales y colectivas de cada cual.

El equilibrio se consigue cuando dos fuerzas se sitúan desde lados opuestos, así, ambos lados crecen y se fortalecen, es simple mirar esto en cualquier competición deportiva, ¿creen ustedes que el Futbol Club Barcelona sería el mismo sin la oposición o competencia del Real Madrid? o ¿qué sería de Messi sin la disputa de Cristiano Ronaldo y viceversa? Si ellos conocieran esto estarían agradecidos el uno del otro, claro que no descarto de que a lo mejor lo estén.

El equilibrio nos proporciona armonía, dando lugar a la tan anhelada felicidad, y el entender la diferencia y respetar a los demás nos otorga la tolerancia y compresión, siendo estas últimas, el vehículo que conduce hacia ella.



Luz Quiceno
Escritora y Diplomada en BNE

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