miércoles, 8 de agosto de 2018

Las creencias: responsables del bienestar y la felicidad

Las creencias se refieren a ideas que se consideran como ciertas, creando un estado mental donde una persona supone indiscutible el pensamiento sobre algo. El conjunto de creencias conforma un paradigma y estos se constituyen en pilares que sostienen el curso de la vida de cualquier ser humano.

El establecimiento de una creencia se origina desde el interior de una persona, esto puede suceder de modo consciente o inconsciente. Se desarrollan apoyadas en los principios y valores modelados por lo general en la infancia. Asimismo, por el medio social en el que se circunscriba. Las creencias religiosas son un gran ejemplo de lo que significan, también encontramos las globales que cobijan las creencias sobre la vida, el mundo y el ser humano.

Las creencias inconscientes son las que impiden grandemente el bienestar y la felicidad de un individuo, llegando incluso a perturbar o trastornar su estado de salud. A dichas creencias Albert Ellis[1]  las denominó como irracionales. Según Ellis en su Teoría Racional Evolutiva Conductual (TREC) dice que “(…) no son los acontecimientos (A) los que nos generan los estados emocionales (C), sino la manera de interpretarlos (B). No es (A) quien genera (C), sino (B). Por tanto, si somos capaces de cambiar nuestros esquemas mentales (D) seremos capaces de generar nuevos estados emocionales (E) menos dolorosos y más acordes con la realidad, por tanto, más racionales y realistas. Ellis, resume su teoría en una frase: «Las personas no se alteran por los hechos, sino por lo que piensan acerca de los hechos». Una conocida frase del filósofo griego estoico Epíteto.

Los conflictos emocionales se producen por la percepción acerca de la experiencia sufrida, debido a esto, una misma experiencia ocasionará diferentes consecuencias emocionales, dependiendo del marco dominante de cada individuo. Por ende, cuando se libera la emoción, se cambia la percepción y la creencia limitante o conflictiva.

Como hemos observado, podemos concluir que el pensamiento está determinado por el sistema de creencias, las cuales condicionan el bienestar de nuestra vida. Cuando las susodichas nos benefician, existe fluidez y, al contrario, si son limitantes, generan estancamiento, bloqueo o conflicto. Aunque las creencias son siempre limitantes, pues se ajustan a un marco, frontera, modelo, concepto o paradigma.

De acuerdo al planteamiento sobre las creencias de Enric Corbera[2] y Albert Ellis, hemos extraído un listado de las creencias mayormente limitantes, frustrantes o bloqueantes, veamos:

  • Creer que, algo me falta: es una creencia de carencia, la persona se percibe insatisfecha, no importa lo que tenga, consiga o piense. El estrés de estar en permanente satisfacción de sus carencias, puede ocasionar obsesión. El individuo cree que alguien le puede dar de lo que carece, por ejemplo, afecto, valor, reconocimiento, dinero, etc.
  • Creer que, soy incapaz: la persona considera que debe hacer todo bien y perfecto. Se exige tener éxito, tiende a compararse y termina lastimado en su amor propio. En oportunidades prefiere evitar hacer para no sentirse incapaz.
  • Creer que, los demás me deben aprobar: se exige ser aprobado, lo necesita de forma extrema. El intentar ser aprobado por los demás genera servilismo y un comportamiento inseguro y molesto.
  • Creer que, mi felicidad no está en mí: la persona cree que no puede estar sola, que ella no tiene la llave de su propio bienestar y satisfacción, necesita de forma exagerada de los demás, de la compañía, de consultar sus decisiones. Necesita de los otros para creerse merecedor o cree que son los demás los que la hacen feliz. Termina dándoles el poder sobre su vida. Por eso espera que su pareja, familia, amigos, sociedad, gobierno “haga” algo por ella o él.
  • Creer que, cierta clase de gente debe ser castigada: busca siempre un culpable para castigar. No toleran los errores o equivocaciones ajenas. También las propias, la persona se siente con frecuencia culpable y se castiga.
  • Creer que, es catastrófico que las cosas no vayan por el camino que me gustaría que fuesen: se piensa que las cosas deberían ser agradables para la persona. Las circunstancias no se aceptan porque no se acomodan a lo que se considera deberían ser. La persona se siente frustrada o privada de lo que desea, se percibe desdichada.
  • Creer que, tengo que sacrificarme: se genera el victimismo y la persona se convierte en resentida y amargada.
  • Creer que, algo peligroso o temible va a ocurrir: la persona se siente tremendamente inquieta y piensa constantemente en la posibilidad de que el hecho temible suceda.
  • Creer que, debo cambiar a los demás: es quizás la creencia más limitante, pues la persona vive preocupada en corregir los errores, solucionar los problemas y/o guiar la conducta de sus semejantes. Se vive en continua perturbación y disgusto. La persona cree tener el poder de cambiar a los otros y se empecina en dicho propósito.
En las anteriores creencias se encuentra gran parte de los conflictos que las personas ostentamos. Las creencias nos atrapan y determinan nuestros procederes, nuestro estado anímico y nuestros pensamientos. Asimismo, generan los conflictos que impiden el bienestar y la tan anhelada felicidad. Los seres humanos siempre vamos a estar condicionados por las creencias, no obstante, existen las que bloquean, enferman e impiden que avancemos y disfrutemos de una nuestra vida.


Tomar consciencia sobre las creencias limitantes significa que las reconocemos, mantenemos en atención para no caer en los extremismos o la polarización y somos receptivos, sin posicionarnos o juzgar. En lo anterior se encuentra la fórmula para cambiar nuestras creencias y consecuentemente, la llave para la satisfacción, el bienestar y la felicidad.





¡Te invito a compartir tus experiencias sobre el tema!

Luz Quiceno
Escritora y Diplomada en BNE

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[1] Albert Ellis nació en Pittsburg en 1913 y estudió en la Universidad de Columbia (Nueva York), especializada en formar a profesionales del Psicoanálisis. Allí obtuvo su doctorado en el año 1947. Abandonó la teoría psicoanalítica para comenzar a trabajar en su propia teoría. Creo la Terapia Racional Emotiva Conductual (TREC).
[2] Enric Corbera nació 9 de marzo de 1954 (edad 63), Olesa de Montserrat, España. Fundador del método de La Bioneuroemoción. Es licenciado en Psicología, diplomado en Bioneuroemoción por la Universidad de La Habana, Cuba. Especialista en esta disciplina y formador de esta técnica. Naturópata, máster en Hipnosis Ericksoniana y en PNL, certificado en Sofrología.

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