viernes, 7 de abril de 2017

La figura del padre

A propósito de la celebración del día del padre, me voy a permitir compartir un apartado de mi libro: De sol@s que se casan y casad@s que hacen pareja, en el cual esbozo los principales aportes emocionales con los que un padre contribuye en la adecuada formación de sus hijos, veamos:

Hasta hace poco tiempo, e incluso todavía, algunas personas consideran que la única función del padre es la de ser un proveedor económico, nada s equivocado; el apoyo y contribución del padre es fundamental para la sana formación de los hijos.  Por esto empezaremos exponiendo los aportes del padre en el proceso natural para encontrar La Integridad[1].
Observemos que cuando el niño se reconoce como un individuo diferente a la madre, empieza a identificar su sexualidad gracias a la presencia del padre, quien será un baluarte fundamental durante la etapa infantil para lograrlo. La imagen por sí misma le permite observar y asociar (aprendizaje infantil) la diversidad, tanto si es hombre como si es mujer. El infante registra y establece las diferencias claramente entre sus padres: los tonos de voz, el aspecto suave y delicado de su madre con lo recio y rudo de su padre, las conductas arriesgadas del padre con las prudentes de su madre, la forma distinta de actuar y sentir de cada uno. El infante observa que papá y mamá son distintos, compara y se reconoce con su respectivo sexo. Constituyéndose esto en uno de los aportes s significativos del padre. El pequeño comienza la identificación como hombre o mujer, gracias a la presencia del padre y posteriormente en la adolescencia, la reafirma y consolida.
Otro de los aportes importantes del padre es cortar “el cordón umbilical emocional” entre la madre y los hijos. La madre está facultada instintivamente para proteger sus crías, además han crecido en su vientre, han sido parte de ella (sin sus cuidados, difícilmente sobreviviremos). Razón por la cual ella puede llegar a sobreproteger al hijo (si no se encuentra preparada física y emocionalmente) y de esta forma coartar el desarrollo natural del hijo; es precisamente aquí cuando el padre realiza su intervención. El padre, conocedor y dotado de forma instintiva para enseñar a los hijos los aspectos más externos, hace que el hijo se desprenda poco a poco de la madre para poder instruirle en la autoprotección y que empiece a valerse por mismo. El padre “separa” la madre del hijo; por un lado, consigue que la madre vuelva a reconocerse como esposa después del parto, pues ella puede dedicarse tanto a su hijo que lo olvida y descuida, y por el otro, reclama su posición para cumplir con sus funciones paternas, ubicando a cada uno en su lugar.
Ahora examinemos los aportes que de forma conjunta hacen los padres a sus hijos, para realizar el proceso natural y conseguir la Integridad.  La madre a través del amor, los cuidados y la atención se encarga de dar a sus hijos las virtudes intangibles, como: la afectividad, la ternura, la paciencia, la bondad, la creatividad, la cooperación, la fuerza emocional, la expresividad, la comunicación, la visión, la holística, etc., la madre es la enera femenina, acorde con el hemisferio derecho del neocortex del cerebro, las virtudes s químicas y profundas del ser. Por el contrario, pero con igual importancia, el padre trasmite generalmente a través del ejemplo, las virtudes s físicas y externas como: la identidad sexual, la defensa, la supervivencia, el ánimo de explorar, el desafío, el enfoque, la capacidad de decisión, la determinación, la responsabilidad, el compromiso y las derivaciones de estos aportes propios del hemisferio izquierdo del neocórtex cerebral. El padre transmite consciente o inconscientemente el cómo, cuándo, con qué, y la madre el qué, para qué y con quién.




¡Te invito a compartir tus experiencias sobre el tema!

Luz Quiceno
Escritora y Certificada en BNE

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Twitter: luzentucamino26





[1] Integridad: es una necesidad que sentimos por naturaleza, se manifiesta consciente o inconscientemente, se   resarce   cuando   existe   equilibrio   entre la energía masculina y femenina del ser.  Se percibe de diversas formas, dependiendo del grado de evolución personal y social; en grados de inferior desarrollo, se aprecia de manera inconsciente y en superiores, consciente. Luz Quiceno, De sol@s que se casan y casad@s que hacen pareja, pág.99, Londres, 2015.

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